julio 9, 2013
1816 y 2013: un nuevo mundo y el mismo dilema
Se está perfilando un nuevo mundo. Ahora también, como en 1816, estamos ante una nueva configuración mundial.

 

Qué pasaba que se conformó aquel Congreso de 1816, había que apurar la declaración de la independencia. Porque lo que parecía un mundo diferente, con la caída de las monarquías, volvía a restaurarse, había sido vencido Napoleón Bonaparte y se restauraban todas las monarquías y el colonialismo de vuelta en la vieja Europa.

Luego siguió la historia donde se dividió, a partir de las grandes potencias del mundo, el trabajo. ¿Cuál iba a ser lo que iba a ser lo que va a hacer cada región? Hubo luchas en los distintos países de las Américas, para ver qué rol cumplíamos en la economía mundial.

Y aquí, mal que le pese a quién le pese y la historia oficial, ganaron los que pensaban que la Argentina, allá en 1852, 1853 cuando Rosas es derrotado, ganaron los que creían que la Argentina debía ser solamente proveedora de materias primas sin elaboración, sin valor agregado, con gente ganando dos mangos en el campo, sin operarios, sin trabajadores, porque las grandes potencias se habían asignado el rol de industrializar ellas en sus países, esas materias primas que por pocos pesos se llevaban de aquí, nuestros recursos naturales, renovables y no renovables, lo minerales y los cereales, la carne y acá, una Argentina para pocos.

Pero aquel mundo donde Londres se proponía como el gran taller del mundo y nosotros, y cuando hablo de nosotros no hablo de Argentina, hablo de Argentina, hablo de Chile, de Uruguay, de Perú, de Paraguay, de Bolivia, de Colombia, de Venezuela, energía, minerales, cereales, materia prima. Eso fue también el pacto Roca-Runciman allá por el 30 y pico, en la gran crisis del 30.

Mientras tanto, en otro país, casi al mismo tiempo que acá era derrotado Rosas, un poco más tarde allá, en el gran hermano del Norte, ganaba Abraham Lincoln, abolía la esclavitud y se decía que la gran potencia del Norte iba a ser la gran industrializadora. Ese era el desarrollo y esa era la división que se mantuvo y se mantiene.

Hoy, hay un nuevo mundo y estamos frente al mismo dilema, las materias primas han vuelto a tener un rol preponderante. Pero, por favor, no nos creamos que hemos ganado esta batalla.

 

 

Se está perfilando un nuevo mundo. Ahora también, como en 1816, estamos ante una nueva configuración mundial. Claramente hay un intento que puede visualizarse a través de las políticas de que nosotros, la América del Sur, gran productora de energía, de minerales, de alimentos, de commodities vuelva a ser esa proveedora de commodities y se trasladen las grandes fábricas o factorías, allí donde hay miles y millones de personas dispuestas a trabajar por mucho menos salario del que se paga aquí en la región.
Y ya las grandes potencias no necesitan que sus fábricas estén allí donde ellos están. Al contrario, les basta con dominar la ciencia, la tecnología que es lo que va a determinar el valor agregado, no la mano de obra, porque antes los explotaban, ahora los excluyen, son dos modelos históricos y momentos históricos sumamente diferentes.

Los gobernantes de los pueblos de la América del Sur, que hemos dado batalla en esta década incluyendo a millones de compatriotas, tenemos el deber de mirar lo que está pasando y unir nuestras fuerzas, porque también van ellos a querer manejar, como de hecho lo están haciendo, las finanzas.

Se reservan entonces, la crema del valor agregado, la administración de los recursos que genera el trabajo mundial y quieren volver a una nueva configuración del mundo.

¿Qué hacemos entonces? ¿Cuál es el instrumento más poderoso que hemos logrado reconstruir  los argentinos en esta década además de la autoestima? El Estado.

El gran reparador y el gran constructor y junto al sector privado, para la ayuda, para el crecimiento.

Y ese Estado, no es solamente el Poder Ejecutivo, ese Estado también es el Poder Legislativo que requiere de hombres y mujeres que cuando toman decisiones, más allá de las lógicas ubicaciones partidarias, lo hagan pensando en los intereses de la República Argentina, de la patria y no en lo que le marcan o le dictan desde una agenda corporativa que ni siquiera es económica sino apenas mediática.

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