enero 6, 2016
China y Argentina. Las represas del Río Santa Cruz. Macri: ¿cambiemos o volvieron? El retorno del país chico y las viejas «relaciones» ¿internacionales?
El problema es China, sus yuanes, sus inversiones, su “win-win” y el desplazamiento que provocaron a las empresas, industrias y financieras estadounidenses y europeas.

 

Autor | Julio De Vido (Columnista Invitado),

05-01-2016 | LA VERGÜENZA Y EL DIARIO «LA NACIÓN». BREVE INTRODUCCIÓN… En respuesta al último informe publicado por este Observatorio dedicado a los aprovechamientos hidroeléctricos del río Santa Cruz (http://www.oetec.org/nota.php?id=1493&area=1), el diario La Nación volvió a la carga, por cierto, en una práctica de monótona y larga data. Nos referimos a su editorial del pasado sábado 2 de enero titulado «Dos vergonzosas represas». Su copete: «Debería revisarse el proyecto hidroeléctrico sobre el río Santa Cruz, pues encierra demasiados puntos oscuros y peligros ambientales». El texto resulta extraordinario por donde se lo mire, desde que encierra la disputa de fondo y que viene poniéndose en juego desde 1810: Nación soberana, autosuficiente, industrial, federal y socialmente justa o una Argentina subdesarrollada y sometida. El proyecto político que representa a la segunda opción es conducido y defendido por el neoliberalismo doméstico y aliados extranjeros, en una lamentable degradación societaria (en el siglo XIX, socios del establishment argentino fueron comerciantes, banqueros e industriales británicos; durante buena parte del siglo XX se repartieron entre británicos y estadounidenses, pero industriales y financistas; así hasta la aparición de los Chicago Boys de la mano de los genocidas Pinochet y Videla y, con ellos, el terrorismo financiero y corporativista occidental). Debemos recordar siempre que una Argentina sometida es inviable sin el respaldo extranjero. Los ataques del diario La Nación a nuestros aliados no tradicionales -la República Popular China-, cuyas inversiones no imponen subyugarnos a sus intereses industriales, comerciales, financieros y geopolíticos, forma parte de una estrategia superior que emanada de Occidente intenta aprovechar cierto reverdecer neoliberal en América del Sur. La alianza chino-argentina construida en estos doce años debe terminar, o bien, adecuarse a una nueva política de saqueo.

«Dos vergonzosas represas», titula el matutino oficialista. Pero este diario no está moral ni éticamente en condiciones de hablar de «vergüenza». ¿Siente vergüenza el diario La Nación de las represas? Vergüenza sentimos nosotros al ver que sus páginas siguen reivindicando el genocidio contra la hermana República del Paraguay; vergüenza siente el pueblo argentino ante su respaldo a todos y cada uno de los golpes de Estado acontecidos en nuestro país y en la región; vergüenza, sí, pero de la estafa de la deuda externa, de la deuda de los aportes que mantiene con sus empleados, de Papel Prensa y demás negociados que nos colmaron de hambre, miseria y desindustrialización y de los que este diario fue cómplice; vergüenza, sí, pero del ocultamiento y apoyo a los crímenes de lesa humanidad entre 1976 y 1983.

Ventiladores para todos y todas

Según el diario La Nación, el problema energético pasa por la excesiva y descontrolada demanda, alimentada, claro está, por el populismo energético de los gobiernos anteriores. La argumentación aburre por enclenque y repetitiva. Hostigar la demanda y el consumo popular es una práctica bicentenaria de la derecha argentina; es gestionar y planificar con el objetivo manifiesto de atrofiar el mercado interno y la industria, desfinanciar al Estado y desmantelar una infraestructura genuinamente federal. En otras palabras, se busca acrecentar el excedente para así aumentar el saldo exportable, menos poder para las fuerzas socioeconómicas privadas y públicas vinculadas al mercado interno y a la diversificación económica del país, más provincias subordinadas a un gobierno centralista y conservador, más poder para la tradicional oligarquía agroexportadora y sus socios de la gran burguesía rentista, mercantilista e importadora (de manufacturas extranjeras). En esta imagen que corresponde a un artículo publicado por Clarín días atrás sintetizado lo anterior:

Fuente: Diario Clarín.

¿Volver al ventilador? Decía un ex Presidente Boliviano entre 1930 y 1931, representante de la oligarquía santacruceña que creía suyo los hidrocarburos del país (los exportaban mientras el pueblo no tenía ni para alimentar una bombita de luz): «Somos país pobre y debemos vivir pobremente». Por suerte Evo Morales no le llevó el apunte. Es que no somos países pobres sino países ricos pero deliberadamente empobrecidos.

La oligarquía argentina y sus socios extranjeros pretenden hacernos creer lo mismo: vivimos en crisis, debemos vivir críticamente (como en una economía de guerra). Nuestros hidrocarburos y nuestra energía no alcanzan; el consumo debe bajar exponencialmente, hasta que logremos tener una balanza superavitaria (exportaciones por encima de las importaciones). Es el famoso autoabastecimiento pero con las industrias, las provincias y el pueblo afuera. En suma, «volver al ventilador» es hacernos creer que vivimos en un país pobre; es inculcarnos la idea de que el aire acondicionado es para los ricos y los accionistas de las empresas al frente de la cámara empresarial con rango ministerial (Ministerio de Energía que le dicen). El pueblo al ventilador, mientras los socios del Presidente de la Nación siguen fabricando y comercializando aires acondicionados a mansalva.

¿Por qué hablan de crisis energética?

Porque quieren inocularnos la idea que la energía es un privilegio y no un derecho. El rechazo a las represas de Santa Cruz implica revertir la tendencia registrada desde 2003 de aprovechar el potencial hidroeléctrico nacional (estimado en 45.000MW; hoy tenemos instalados 11.108). La hidroelectricidad es la fuente renovable más utilizada en el mundo y que más ha crecido. Es una energía barata, limpia y renovable, con ingentes beneficios socioeconómicos. Ha sido clave como obra de infraestructura en tiempos de crisis económicas y, por sus bajos costos de generación, pieza fundamental en los despegues industriales de potencias como EE.UU., Canadá y Alemania, entre otras. En nuestro caso y vinculado a las represas del río Santa Cruz, implica una sustitución de combustibles importados del orden de los 1.100 millones de dólares anuales, agregando como fuera dicho el beneficio de la asequibilidad energética. Y este punto resulta estratégico, porque la energía no está para generar superávit de la balanza comercial ni para mantener llenos los bolsillos ni satisfechos los estómagos de accionistas privados. ¿Para qué la energía, entonces? Y aún más trascedente: ¿Para quién?

«La energía es vital para erradicar la pobreza, mejorar el bienestar humano y elevar el nivel de vida» (PNUD)
La energía para qué y para quiénes, el interrogante que debería comenzar a hacerse el pueblo argentino que no quiere volver a los ventiladores. A este propósito, sírvase el lector de algunas definiciones que, justamente por sus conceptos nacionales, fueron sistemáticamente censuradas por los medios neoliberales y su ejército de lobbistas. Estas definiciones, así como el estudio de los verdaderos indicadores que miden la seguridad energética de una nación, vienen siendo desarrolladas por el OETEC desde su Laboratorio en Seguridad Energética.

Al comenzar el nuevo milenio, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (ONU-DAES) elaboraron la siguiente y contundente definición acerca de la función primigenia del sistema energético de una nación, sobre todo de una en vías de desarrollo: «La prestación de servicios de energía adecuada y confiable a un precio asequible, de una manera segura y ambientalmente benigna, y de conformidad con las necesidades del desarrollo económico y social, es un elemento esencial del desarrollo sustentable. La energía es vital para erradicar la pobreza, mejorar el bienestar humano y elevar el nivel de vida».

Pero las definiciones y acciones más determinantes en el sentido de transformar a la energía en un instrumento para alcanzar «el desarrollo económico» y en un contexto de «aumento del bienestar y la productividad humana» obedecen a esta última década. La iniciativa madre, base de los programas vigentes de Naciones Unidas en energía y denominado «Energía Sustentable para todos» (sic), se plasmó en el documento «Energía para un desarrollo sustentable en la Región de Asia y Pacífico: desafíos y lecciones de los proyectos del PNUD». Se trató de un trabajo revelador publicado en 2004por expertos asiáticos del PNUD. Entre las definiciones allí plasmadas destacamos: 1) «La energía afecta prácticamente todos los aspectos del desarrollo económico y social, incluyendo los medios de subsistencia, agua, agricultura, población, salud, educación, creación de empleo y cuestiones relacionadas con el género. La energía, por lo tanto, es central a todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La idea básica del enfoque energético del PNUD pasa por enfocarse en la creación de un acceso equitativo a los servicios de energía limpia, fiable y asequible para contribuir significativamente al crecimiento económico y la reducción de la pobreza»; y 2) «La energía es un insumo importante para proporcionar los servicios básicos a las necesidades humanas; así como es también la llave de entrada para un desarrollo sustentable y para todo esfuerzo en la reducción de la pobreza. Por lo tanto, el papel de la energía está fuertemente vinculado al desarrollo social, económico y ambiental». Más revelaciones…

En un trabajo publicado en 2013 en la revista especializada Sustainability, el Dr. Patrick Nussbaumer de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, por sus siglas en inglés) confeccionó una interesante y superior definición de «energía», puesto que colocaba en el centro de la escena a la seguridad jurídica de la ciudadanía en función de un proceso de emancipación socioeconómico: «El acceso a servicios modernos de energía, limpios y asequibles, es central a la emancipación socioeconómica. Por servicios energéticos entendemos la utilidad que damos a la energía, o a la aplicación útil de la energía en tareas deseadas por el consumidor como pueden ser el transporte, una habitación cálida o la luz (iluminación); y por modernos nos referimos a un relativamente alto grado de facilidad en la obtención de tales servicios… Los servicios de energía (por ejemplo, iluminación, calefacción y una cocina a gas o electricidad, energía para las telecomunicaciones y el entretenimiento), aunque están por descontado en los países industrializados, siguen siendo inalcanzables para una gran parte de la población mundial. La falta de acceso a la energía representa una importante barrera al desarrollo humano y el logro de los objetivos establecidos por la comunidad internacional, tales como los Objetivos de Desarrollo del Milenio».

En línea con UNIDO, el objetivo general del PNUD en el área energética es «lograr el acceso universal a servicios asequibles, limpios y modernos de energía para lograr un desarrollo humano sustentable, con una clara orientación en los sectores más vulnerables». En otras palabras y siempre bajo los conceptos del PNUD, «mejorar la sostenibilidad, la seguridad y accesibilidad de la energía moderna», desde que ella «facilita el desarrollo social y económico, ofreciendo oportunidades para el mejoramiento de la vida y el progreso económico». Desafiamos al lector a encontrar al menos una palabra de cualquiera de estas definiciones entre las centenares de notas y opiniones ligadas al sector energético que La Nación, Clarín, Perfil, etc. le dedican anualmente.

Pues bien y regresando al caso argentino, el mismo año en el que el PNUD se proponía recuperar la energía -enajenada al neoliberalismo- Néstor Kirchner lanzaba (mayo de 2004) con igual espíritu y objetivos el Plan Energético Nacional. Dicho plan, el más ambicioso de la historia energética nacional hizo posible finalizar obras de energía por más de 24.455 millones de dólares apuntalando una economía que se expandió en un 90% en los últimos doce años. Se incorporaron 12.250 MW y se construyeron más de 5.800 kilómetros de líneas de alta tensión (¡en la Patagonia 2.058 kilómetros, señor editorialista!) que permitieron anillar el sistema energético nacional. En estos 10 años la demanda energética en la Argentina prácticamente se duplicó. Las obras mencionadas se tradujeron en la incorporación de nuevos usuarios a lo largo y a lo ancho del país a servicios a los que anteriormente no tenían acceso: desde el año 2003, se sumaron casi 4.600.000 hogares y 320.000 nuevos medidores industriales y comerciales a la red eléctrica, mientras que se conectaron a las redes de gas a más de 2.300.000 de hogares y a 120.000 nuevos medidores industriales y comerciales. Que quedó mucho por hacer, no caben dudas. Pero la herencia fue nefasta y de medio siglo de vida.

En este sentido, consideramos que la hidroelectricidad es crucial para seguir profundizando la universalización de la energía, la energía como herramienta para el desarrollo y una progresiva calidad de vida para los 42 millones y las 23 provincias, sin exclusiones de ningún tipo. Y si en ese camino importamos más combustibles y exportamos menos o nada, que así sea. De la misma manera que si Edesur y Edenor deben endeudarse para invertir lo que no invirtieron (por eso recuperamos el FOCEDE), que así sea también. Nosotros preferimos una balanza deficitaria y accionistas endeudados por un tiempo -luego de décadas de levantarla con pala e invertir prácticamente cero- que ventiladores para todos y todas. ¿Crisis energética? Todo depende la concepción cultural de la energía que se tenga.

Medias verdades son medias mentiras: Represas Kirchner y Cepernic… ¿ranking 23 y 25?

Afirma el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «La propia Secretaría de Energía difundió un estudio en el que analizó un inventario de 30 proyectos hidroeléctricos en todo el país, considerando criterios técnicos, ambientales y de comparación de costos y beneficios. La represa Cóndor Cliff (hoy Néstor Kirchner) se ubicó en el lugar 23°, y La Barrancosa (hoy Cepernic), en el lugar 25°. Todo ello entre otras debilidades en razón del rendimiento excesivamente bajo de las obras, que funcionarían solamente el 26 por ciento del total de las horas del año. Existen más de 20 proyectos hidroeléctricos en Mendoza, Neuquén y Chubut, que resultan económica y estratégicamente prioritarios. Y ello sin considerar los demás aspectos que rodean estos emprendimientos licitados por la provincia de Santa Cruz que la Nación debería financiar en un 70 por ciento». Se refiere el editorialista a este informe que ilustramos con su respectiva tapa…

Fuente: EBISA. Portada del informe original.

¿Nota el lector algo extraño? ¿Acaso la fecha? Sí, adivinó. El informe que La Nación cita como si fuera de hoy o de ayer, cumplirá este año una década. Claro, la editorial no lo dice. Segunda cuestión. Al adentrarse en el informe y buscar el nefasto ranking, se observa una sutil trampa y que pasamos a desarmar. El estudio evalúa distintos aprovechamientos hidroeléctricos basándose en la medición y comparación de las siguientes variables: la técnica, la ambiental y la económica. Entre las tres, se arriba a la resultante o «Jerarquía de viabilidad multicriterio», categoría que estadísticamente viene a ser la de mayor validez. El diario La Nación, en un error propio de quien no tiene el más pálido ni mínimo sentido común, toma arbitrariamente la variable económica. De allí es donde saca las posiciones 23 y 25. ¿Qué hubiese pasado si tomaba la viabilidad multicriterio? De los 30 proyectos, el informe preseleccionó 20, y de esos 20, seleccionó 12. Pues bien, Cóndor Cliff ocupa el ranking 8 y La Barrancosa el 11, pero con la siguiente salvedad: si sumamos los MW de los primeros siete (ver tabla original) tenemos que sumados prácticamente igualan la potencia de Cóndor Cliff solita. Ni que hablar si sumamos La Barrancosa (750MW).

En otras palabras, de los 12 aprovechamientos como los de mayor factibilidad multicriterio (descontamos analizar si el aprovechamiento pertenece a una o muchas provincias, lo cual afecta la jurisdicción del río): 6 no superan los 250 MW; 2 no superan los 500 MW, mientras que de los restantes figuran los actuales Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en construcción (2.150 MW limitados por la Licitación a 1.740 MW); Chihuido I (850 MW – limitado posteriormente a 690 MW) adjudicado a la fecha, y Michihuao (621 MW – no licitado). Es de destacar además que obtener igual potencia y generación anual sumando varios de los restantes proyectos «prioritarios» tendría un costo económico y de gestión muy superior. Y finalmente, un dato superlativo. Cuando se observan las fechas de los estudios fuente sobre los que se realizó este trabajo para los distintos aprovechamientos, se observa que los referidos a Cóndor Cliff y La Barrancosa son los más antiguos. ¿De qué fecha son, querrá conocer lógicamente el lector? De… ¡1977! Si algo no pretendía Martínez de Hoz era tejer relaciones con China. ¿Qué queremos decir con esto? Que la inexistencia del financiamiento y del proyecto definitivo actual invalidan absolutamente este ranking de casi 3 décadas de antigüedad. Y como frutilla del postre, ya que La Nación critica sin razón ninguna que las obras funcionarían solamente el 26% del total de las horas del año, debería saber que el último y definitivo estudio de la Universidad de la Plata estima en 34% ese porcentaje.

En suma, vemos que el diario La Nación se basó en un informe de una década, a su vez sustentado en análisis económicos de potenciales aprovechamientos hidroeléctricos que para el caso específico de los del río Santa Cruz se remontan a informes conducidos treinta años atrás. Se verá más adelante el análisis económico actual, es decir, de 2015, siglo XXI, ignorado por La Nación y su inexplicable predilección a la prehistoria analítica. ¡Y nos vienen a apurar a nosotros con obras de treinta años! ¡Justamente a nosotros que terminamos Yacyretá y Atucha II!

Sigue debajo el estudio de la secretaría de Energía que el diario La Nación olvidó citar y que revela la importancia que el gobierno nacional daba a los aprovechamientos sobre el río Santa Cruz.

Represas Kirchner y Cepernic… el verdadero ranking

Entendemos que, una vez revisadas ciertas resoluciones de la Secretaría de Energía de 2009 y 2011, al diario La Nación no le haya quedado más remedio que volverse a la prehistoria para desprestigiar y tergiversarlo todo. Nos referimos a la Resolución 762/2009 de noviembre de 2009 -emitida por la Secretaría de Energía mediante la cual se creó el Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas-, y a la Resolución 932/2011 o Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas, norma emitida el 13 de septiembre de 2011, también por parte de la misma secretaría. ¿La importancia de ambas?

En los considerandos de la última resolución leemos: «Que en el año 2006, la SECRETARIA DE ENERGIA del MINISTERIO DE PLANIFICACION FEDERAL, INVERSION PUBLICA Y SERVICIOS, a través de EMPRENDIMIENTOS ENERGETICOS BINACIONALES SOCIEDAD ANONIMA (EBISA) realizó una Evaluación Expeditiva de aprovechamientos hidroeléctricos con el objeto de jerarquizar los TREINTA (30) proyectos existentes de aprovechamientos hidroeléctricos en función de un criterio de viabilidad que considerara aspectos técnicos, ambientales y económicos. Que EMPRENDIMIENTOS ENERGETICOS BINACIONALES SOCIEDAD ANONIMA (EBISA) en su propuesta de corto plazo definió la necesidad de revalorizar los estudios necesarios en el menor lapso posible para proceder a la construcción de TRES (3) aprovechamientos hidroeléctricos, los cuales han surgido de una selección que priorizó aquellos proyectos con: a) fuerte impacto en el MERCADO ELECTRICO MAYORISTA (MEM) por la energía y potencia que aportan, b) que se desarrollasen sobre cursos de agua en territorio argentino y c) que permitiesen construir más de una obra por provincia a efectos de viabilizar su ejecución a través de acuerdos a celebrar con las provincias en cuya jurisdicción se encontraran. Que aplicando tales criterios han sido catalogados como relevantes el Complejo Hidroeléctrico CONDOR CLIFF – LA BARRANCOSA, sobre el Río SANTA CRUZ, de MIL SETECIENTOS CUARENTA MEGAVATIOS (1740 MW) de potencia, en la Provincia de SANTA CRUZ; el Aprovechamiento Multipropósito LOS BLANCOS I y II, sobre el Río TUNUYÁN, de CUATROCIENTOS OCHENTA Y CINCO MEGAVATIOS (485 MW) de potencia, en la Provincia de MENDOZA; y el Aprovechamiento Multipropósito CHIHUIDO I, sobre el Río NEUQUEN, de SEISCIENTOS TREINTA Y SIETE MEGAVATIOS (637 MW) de potencia, en la Provincia del NEUQUEN».

Reiteramos por si quedan dudas: «Que EMPRENDIMIENTOS ENERGETICOS BINACIONALES SOCIEDAD ANONIMA (EBISA) en su propuesta de corto plazo definió la necesidad de revalorizar los estudios necesarios en el menor lapso posible para proceder a la construcción de TRES (3) aprovechamientos hidroeléctricos…». ¿¿¡Cuáles!?? ¿¿¡Cuáles!?? Cóndor Cliff y La Barrancosa. ¿Qué fue lo que paso con el diario La Nación que lo confundió tanto? Creer que el mundo terminó en 2006. Pero EBISA siguió tocando… En sus recomendaciones posteriores a la evaluación de 2006, realizó propuestas de acción a corto, mediano y largo plazo, teniendo en cuenta los avances y la planificación de una política energética promotora de un desarrollo social y provincialmente incluyente, con eje en el factor humano en lugar de ponerlo en el saldo de la balanza comercial energética y la inviabilidad de las provincias no pampeanas. Fue así que Cóndor Cliff y La Barrancosa escalaron en el ranking, puesto que su nueva y altamente positiva viabilidad económica tuvo en cuenta no sólo la histórica expansión del Sistema Interconectado Nacional, sino también el hecho de estar más cerca de poder cumplir con los exigentes requerimientos que en materia de financiación precisan aquellos emprendimientos de esta magnitud. En fin, el nuevo estudio terminó posicionando a los aprovechamientos hidroeléctricos Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en primerísimo lugar.

¿Inversiones para transportar la energía de las represas? ¿Pero qué radares y satélites de telecomunicaciones están sintonizando?

Afirma el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «El Instituto Argentino de la Energía (IAE) General Mosconi manifestó que, de realizarse las obras, Santa Cruz tendría una capacidad de generación 20 veces superior a su demanda, por lo que habrá que invertir en por lo menos 2000 kilómetros de líneas de alta tensión, de 500 kW, para transportar la energía eléctrica a otros centros de consumo, con un costo adicional superior a los mil millones de dólares, que deberán afrontar éste y los próximos gobiernos.»

El IAE es dirigido por quien fuera uno de los secretarios de Energía del Presidente Raúl Alfonsín. Nos referimos al Ingeniero Jorge Lapeña. En el libro «Néstor y Cristina Kirchner. Planificación y federalismo en acción» (libro prologado por la Presidenta Cristina) y escrito junto a Federico Bernal, dedicamos varias páginas a analizar la pésima gestión de este ex funcionario. Diremos, no obstante, que la crisis energética de 1988 -la peor que recuerde nuestra historia, incluso más grave que las de 1999/2000 y 2002- no sólo demostraba la pésima planificación energética de entonces, sino el estado calamitoso de las centrales termoeléctricas que no alcanzaban a cubrir la caída de la generación hidroeléctrica. Su máximo responsable fue justamente Lapeña, quien previo a desempeñarse al frente de la Secretaría de Energía (abril de 1986 a marzo de 1988) fue Subsecretario de Planificación Energética (1983-1986). Pero dejemos que sea el propio Presidente Alfonsín el encargado de evaluar la gestión del director del IAE: «El déficit de las empresas que dependen del Ministerio de Obras y Servicios Públicos representa la mitad del déficit fiscal de la Nación y allí se manifiesta la ineficiencia del Estado, que la sociedad percibe y sufre en los servicios que prestan esas mismas empresas. Gas débil, cortes de energía y otras deficiencias conocidas por todos son manifestaciones de la crítica situación de nuestro sistema estatal de servicios públicos» (Fuente original «Estado, administración pública y políticas públicas en los discursos presidenciales en la Argentina (1983-2011)», de Jorge O. Bercholc y Diego J. Bercholc).

Hecha esta pequeña introducción al IAE, tres apreciaciones adicionales. 1) Es el IAE y no el diario La Nación el primero en caer en el pueril error de tomar en consideración el informe de EBISA del 2006. Es más, se ve que el editorialista se fundamenta en el IAE para armar buena parte de su crítica a las represas. Error garrafal. ¿Por qué?; 2) [Porque] se fundamenta en un estudio del IAE totalmente obsoleto. No señor editorialista, no hay que «… invertir en por lo menos 2.000 kilómetros de líneas de alta tensión, de 500 kW, para transportar la energía eléctrica a otros centros de consumo, con un costo adicional superior a los mil millones de dólares, que deberán afrontar éste y los próximos gobiernos». ¿Y por qué no? ¡Porque las obras de alta y extra alta tensión que interconectan a la Patagonia con el resto del país ya fueron construidas!

La línea de alta tensión llegaba originalmente hasta Choele Choel (Río Negro), en realidad, casi hasta el límite sur de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo y gracias a la visión verdaderamente nacional y federal del Presidente Kirchner, la línea se extendió de Choele Choel a Puerto Madryn, y de allí a Pico Truncado y a La Esperanza, desde donde parten líneas de 132kV a Río Gallegos, Río Turbio y El Calafate. La toma de carga definitiva de la nueva estación transformadora en El Calafate se produjo el 12 de febrero de 2014. Fue así que quedó finalizada la obra de interconexión del sur patagónico continental, iniciada con la interconexión de Río Gallegos el 13 de setiembre de 2013 y la puesta en servicio de numerosas instalaciones en 500kV, 220kV y 132kV. Conclusión: el actual gobierno neoliberal no tiene que afrontar ningún costo adicional. Y ya que le preocupan esos supuestos 1.000 millones de dólares al diario La Nación, preguntamos: ¿Cómo es que no ha tenido en cuenta un monto incluso superior pero derivado del ahorro en importación de combustibles que las represas una vez construidas y operativas reportarán al país? El ahorro para la administración macrista suponiendo las obras terminen antes del 2019 (en realidad demandarán 66 meses) es de 2.000 millones de dólares (1.000 por inversiones en las líneas de alta tensión ya construidas y 1.000 millones por sustitución de combustibles importados -anuales, estos últimos-). Por último y en materia de costos, debería saber el editorialista que con estas obras las tarifas eléctricas de los santacruceños se reducirán notablemente, superando la reducción que la interconexión ya deparó; y 3) La fecha del informe del IAE utilizado por La Nación. ¿Por qué dijimos que el estudio era obsoleto? Se trata del Comunicado titulado EL INSTITUTO ARGENTINO DE LA ENERGÍA «GENERAL MOSCONI» Y LA LICITACIÓN DE LAS CENTRALES HIDROELÉCTRICAS CONDOR CLIFF Y LA BARRANCOSA EN EL RÍO SANTA CRUZ. Su fecha es del…¡ 5 de marzo de 2010! Jorge Lapeña no nos deja mentir (véanse del original la fecha y su argumentación, a la sazón replicada por el diario):

Fuente: Extraído del portal oficial del IAE.

Semejante nivel de confusión en los informes y sus fechas, desde los de la década del 70, pasando por los de 2006 y 2010, nos lleva a pensar que el editorialista de La Nación no utiliza para orientarse en el espacio-tiempo ni radares ni satélites argentinos ( y eso que los hemos construido). Lamentablemente, otra de las desgraciadas consecuencias de no quitar nunca la mirada del Norte.

Santa Cruz, la segunda provincia más extensa del país, a sólo 700km de Malvinas, ¿no puede generar energía?

Concentrémonos ahora en esta frase: «El Instituto Argentino de la Energía (IAE) General Mosconi manifestó que, de realizarse las obras, Santa Cruz tendría una capacidad de generación 20 veces superior a su demanda…». El neoliberalismo siempre ha sido afecto a fundir al país profundo. Lo hizo primero a través de las guerras civiles y la apropiación del control de la Aduana y del comercio exterior; siguió después con el libre comercio impuesto por Bartolomé Mitre a sangre y fuego; ya entrado el siglo XX, los planes de ajuste del FMI, la descentralización conservadora, el endeudamiento interno y externo, la estatización de la deuda gracias a Cavallo y Melconian, el déficit cero de Sturzenegger y Cavallo, todo con el ojo puesto en inviabilizar provincias y municipios; ahora, la administración macrista intentará ahogar al país profundo con una nueva oleada descentralizadora, sumada a la apertura indiscriminada de las importaciones, la incorporación del país a la Alianza del Pacífico y la geopolítica estadounidense, nuevo endeudamiento con pago a los buitres, remate de Vaca Muerta y la eliminación del Fondo Federal Solidario de la Soja, entre otras medidas.

Y es por esta razón que cualquier obra o inversión tendiente a edificar las condiciones objetivas para generar desarrollo económico y social genuinos serán combatidos a muerte. Es que es esta ley, la Ley de la Irrigación y no la del derrame, la ley que preside el verdadera desarrollo de las naciones como la nuestra. Las inversiones que permiten irrigar en energía abundante y barata, en obras de infraestructura generadoras de empleo, industrias, comercios, pueblos, caminos, etc. son justamente aquellas que anteceden a la demanda al crear las condiciones para que esta aparezca, echando a rodar así el círculo virtuoso del desarrollo por irrigación. Inversamente, tenemos la ley del derrame, que es la prohijada por el diario La Nación.

Según este enfoque, Santa Cruz no puede tener una demanda que supere la oferta, puesto que eso es gasto improductivo, innecesario. Tal enfoque no es ingenuo, sino por demás inteligente, desde que las regiones y provincias más postergadas -inútiles al granero del mundo- así deberán seguir hasta el fin de la humanidad. Parafraseando al presidente boliviano: ¡Son pobres; que sigan siendo pobres! ¡En Santa Cruz nada de represas ni de energía barata y abundante! ¡En Santa Cruz pingüinos, ovejas y restos arqueológicos! ¡En Santa Cruz ventiladores en verano y leña en invierno, que la energía debe volver a reservarse a Methanex y cuanto comprador de afuera nos tiente!

Alegoría del país chico o la revolución de la alegría

Afirma el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016, primer párrafo: «El caso de la construcción de una obra hidroeléctrica de gran magnitud sobre el río Santa Cruz es quizás uno de los más emblemáticos de la administración Kirchner y el que, de alguna manera, sintetiza todo aquello que quienes votaron por Cambiemos quisieron dejar en el pasado: incumplimiento de la normativa vigente, discrecionalidad en el momento de tomar decisiones, ausencia de información, nula participación ciudadana en la consideración de obras de infraestructura o explotación de recursos naturales con consecuencias intergeneracionales, oscurantismo en materia de acuerdos internacionales, escasa o nula transparencia, desastrosa planificación en materia energética, favoritismo con los empresarios amigos y un profundo desprecio por las cuestiones vinculadas con temas ambientales. Es por eso que resulta imprescindible que la nueva administración nacional analice la construcción de esas represas en detalle antes de que sea demasiado tarde. Se trata de no convalidar lo que debería quedar en el pasado. Es preciso que todo aquello que se ha realizado irregularmente sea combatido con la razonabilidad que amerita el caso».

El diario La Nación expresa cultural, política e ideológicamente el proyecto histórico de una Argentina dependiente, empobrecida y atrasada. Ciertamente, un proyecto que no por neoliberal quiera decir que no planifica ni construye infraestructura. En efecto, planifica y construye, mas en un sentido de progreso que no es el de la Nación, las 23 provincias y los 42 millones. Planifica y construye -como por ejemplo en el Centenario- para extraer nuestros recursos y exportarlos sin el más mínimo valor agregado. Inversamente, toda obra de infraestructura desvinculada de esta explotación colonialista es calificada de gasto superfluo e improductivo.

Néstor Kirchner en su histórico discurso del 25 de mayo de 2003 se refirió a ello magistralmente. «Reproducimos textualmente: «Tenemos que volver a planificar y ejecutar obra pública en la Argentina, para desmentir con hechos el discurso único del neoliberalismo que las estigmatizó como gasto público improductivo. No estamos inventando nada nuevo, los Estados Unidos en la década del treinta superaron la crisis económico financiera más profunda del siglo de esa manera. La construcción intensiva de viviendas, las obras de infraestructura vial y ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria, educativa y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia de industria agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas tecnologías, transportes, y generará puestos de trabajo genuinos».

Una y otra vez, Kirchner volvería a refutar aquellas zonceras ante cada nueva obra inaugurada; lo propio seguiría haciendo la Presidenta Cristina. Recuerdo también el discurso de Néstor Kirchner de fines de 2007, con motivo de la reactivación de las obras en Atucha II paralizadas por los ex secretarios del grupo liderado por Daniel Montamat, a la sazón y en su inmensa mayoría asesores o funcionarios del actual Ministerio de Energía: «Cuando decidimos poner en marcha esta obra nuevamente, algunas personas decían que era un gasto público improductivo. Agradezco a Dios haber sido fiel a mis convicciones y creer en la producción, en el trabajo, en la industria nacional y en la energía nuclear como elemento de desarrollo». Estas convicciones no abandonaron el país, como creen y como quisieran Mitre, Magnetto, la Sociedad Rural y los buitres. Estas convicciones empoderan a la mitad del país que no votó el retorno del neoliberalismo; estas convicciones han sido indisolublemente fundidas en cada ladrillo, cada bolsa de cemento, en el aluminio, en la ciencia y en la tecnología argentinas, en las partes, piezas, maquinarias e ingeniería de las más de 70.000 obras construidas en los últimos doce años y en las centenares de nuevas obras que hemos dejado entre licitadas, planificadas y en construcción.

Otro aspecto a destacar es la eterna crítica del neoliberalismo a las obras de «gran magnitud» («obras faraónicas», según reza la zoncera creada para este caso y que hemos analizado con Federico Bernal en nuestro libro citado). ¿Por qué este rechazo a las obras grandes? Porque las obras de gran porte son las que verdaderamente están a la altura de una Argentina de más de 3 millones de kilómetros y 42 millones de compatriotas. Y fundamentalmente, porque estas obras por lo general se extienden o emplazan más allá de los límites de la tan ansiada «República del Río de la Plata». Sabe muy bien el diario La Nación de qué hablamos. Así se titulaba un artículo publicado el 9 de diciembre de 1856 en el diario El Nacional cuyo autor, Bartolomé Mitre, sugería abiertamente la separación definitiva del Estado de Buenos Aires y su organización como Nación. La inteligencia británica, sus fusiles y libras esterlinas le hicieron ver que mejor que escindirse era exterminar al país autóctono. ¡Es que Gran Bretaña no quería perderse el extraordinario mercado de la Cuenca del Plata! En fin y como toda gran obra planificada en función de una Nación y sus 42 millones de almas, las represas en Santa Cruz constituyen una espantosa pesadilla para el centralismo porteño.

El precio de la energía. ¿Cuál es la más barata?

Argumenta el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Persistir en el proyecto [de las represas] dará beneficios inmediatos a consultores, financistas y constructores, pero perjudicará a los contribuyentes y a quienes tengan que afrontar mayores tarifas eléctricas. Esto no debe ser tolerado…».

La diversificación de la matriz mediante la hidroelectricidad jamás puede, ni acá ni en la China, provocar un incremento de las tarifas eléctricas. De hecho, las represas Néstor Kirchner Jorge Cepernic generarán energía a un costo de operación y mantenimiento de 6,01 U$D/MWh, una vez cancelado el préstamo. Por ejemplo, Salto Grande aporta la energía más barata del sistema eléctrico argentino: 4 U$D/MWh. Energía más barata promueve la industrialización, significa más obras de agua y saneamiento, más infraestructura urbana, más educación, ciencia y tecnología, etc. Sólo para comparar, los parques de energía eólica están en el orden de los 18 U$D/MWh, mientras que los de la energía solar superan incluso los 25 U$D/MWh. No existe energía renovable más barata en el país y en el planeta tierra que la hidroeléctrica.

A esto debemos agregar que la vida útil de los mismos es altamente disímil, siendo de 20 años para un generador eólico o solar, mientras que para las represas pueden superar los 80 o más años. De hecho, hay represas en la Argentina que fueron construidas en la década del 30 y que continúan en plena operación al día de la fecha. Si a este análisis agregamos el hecho de que la energía eléctrica generada a partir de fuentes eólica y solar no puede ser almacenada, que no garantizan su disposición en los picos de demanda ni pueden cubrir la demanda base (ni que hablar de sus bajas eficiencias de conversión), la hidroelectricidad adquiere aún mayor trascendencia. Para concluir, un dato no menor. En el verano, donde hay una mayor disponibilidad de gas, la Argentina exporta energía a Brasil mediante la interconexión eléctrica entre ambos países. Este swap energético sólo es posible porque nuestros embalses pueden ser utilizados como grandes almacenamientos virtuales de gas natural.

En relación a la preocupación acerca de los supuestos «beneficios inmediatos a consultores, financistas y constructores, pero perjudicará a los contribuyentes…», el doble rasero de este diario no deja de sorprender. ¿Veremos en lo que resta de este siglo XXI alguna editorial de La Nación dirigida a cuestionar los beneficios multimillonarios registrados por financistas y consultores en todas y una de las estafas de la deuda externa y sus matufias reestructuradoras (Plan Brady, Blindaje y Megacanje, para citar algunos ejemplos)? Sobre el «perjuicio a los contribuyentes», un par de números. Al comenzar la obra, se generarán 5.000 empleos y se pondrán en marcha nuevos emprendimientos para atender demanda de materiales, servicios y necesidades de los trabajadores y las dependencias del proyecto. Una vez finalizadas las represas, podrán instalarse en la provincia emprendimientos industriales electrointensivos, ya que tendrán acceso a una oferta de energía eléctrica segura que cumpla sus requisitos. Préstese atención a este cuadro de empleo derivado de la obra, agregando que en las villas temporarias habrán de radicarse más de 6.000 personas:

Preguntale a Alemania…

Envalentonado por los verdes al frente del Ministerio de Medio Ambiente, nos quiere hacer creer el diario La Nación que las energías eólica y solar son más baratas que la hidráulica. Basta ver qué viene sucediendo en Alemania con su programa verde, el denominado Energiewende, lanzado en 2010 aunque implementado parcialmente al menos desde el 2000. ¿Por qué preguntarle a Alemania?, nos querrá consultar más de un lector. Simple. Porque la «revolución» verde germana es el modelo del fundamentalismo medioambientalista-medieval, en la China y en la Argentina. Veamos algunos datos censurados de las bondades tarifarias de las renovables eólica y solar.

La lista de investigaciones científicas que testimonian un incremento exponencial de las tarifas eléctricas para los hogares alemanes y el aumento sostenido de la pobreza energética en aquel país son incontables. Recurrimos a tres por su importancia.

En septiembre de 2013, Der Spiegel, tituló «Cómo la electricidad se convirtió en un bien de lujo». Resumimos: «El costo para la construcción y operación de una central fotovoltaica alemana es cuatro veces el de una basada en carbón, incluso con subsidios a las energías renovables que siguen aumentando y ya llegaron a los 16.000 millones de euros en 2013. Consecuencia de ello y del alto costo del gas importado…, las centrales térmicas alemanas deben satisfacer la demanda con las alternativas más baratas, como el lignito [carbón] de producción nacional… Hasta ahora, la matriz energética no ha resultado en menores emisiones de dióxido de carbono, uno de sus objetivos fundamentales».

Otro estudio interesante fue conducido por el célebre Helmholtz Centre for Environmental Research, en febrero de 2015, titulado «Energiewende im Wunderland». Los autores concluyen que los costos de la energía eléctrica son altísimos y que, por esta razón, impactan en los hogares más vulnerables. Afirman se está verificando, a través de la energía, una redistribución de bienestar desde los sectores más humildes a los más ricos (recordemos el pedido del diario Clarín de retornar a los ventiladores).

El tercer informe que quisiéramos citar proviene de la Asociación Germana de las Industrias del Agua y la Energía (BDEW, por sus siglas en inglés). Allí se afirma que desde la puesta en marcha del Energiewende y hasta 2013, los hogares alemanes padecieron un incremento tarifario de la electricidad del orden del 24%, básicamente como consecuencia de la suba en los subsidios para financiar el fondo destinado a financiar al Energiewende. El mismo informe señala que en Europa los precios de la electricidad germana se ubican en una segunda posición después de Dinamarca. En 2014, los precios se mantuvieron estables por primera vez en 15 años, pero oscilando en 1 euro de los 84 euros por mes para un consumo moderado por parte de una familia de tres integrantes. Sin embargo y producto del empobrecimiento de los sectores más vulnerables, la consultora Verivox advirtió en abril del año pasado que ahora los alemanes deben trabajar 70 horas por año para pagar la electricidad contra 53 horas en 2005. Este gráfico ilustra el incremento tarifario producto de la «revolución verde». El color bordó incluye los subsidios al Energiewende que, como se aprecia, subieron un 267% desde el año 2000.

Finalmente, la falsa creencia de que las energías eólica y solar reducen la emisión de gases de efecto invernadero al sustituir los combustibles fósiles. Nuevamente, la experiencia germana -a la vanguardia mundial en el desarrollo e incorporación de estas tecnologías al parque generador- demuestra que este objetivo es una quimera. Aquí quisiéramos utilizar el informe de la comisión de expertos técnicos que acompañó al Cuarto Reporte de Monitoreo de la Transición Energética, cuya autoría obedece nada más ni nada menos que al Ministerio de Asuntos Económicos y Energía del gobierno alemán y que fuera publicado en noviembre de 2015. ¿Cuál es la conclusión determinante de la comisión técnica y que provocó enorme revuelo en Europa y en la Cumbre COP21? Textualmente, que las metas de reducción de emisiones al 2020 comprometidas por Alemania están en «serio riesgo» de ser alcanzadas. A los efectos de ilustrar esta muy mala y contradictoria noticia, por otra parte conocida desde hace años, los autores del trabajo presentan el siguiente cuadro y que nosotros extrajimos del informe original. En azul las emisiones de CO2. La barra gris del 2020 es la meta de reducción comprometida por Alemania para ese año:

En conclusión, las energías eólica y solar no pueden sustituir a las energías de base como la nuclear, la hidroeléctrica y los combustibles fósiles. Su implementación requiere además subsidios multimillonarios con el consiguiente encarecimiento de las tarifas eléctricas. Pero eso en Alemania, que disponen de la tecnología y cuyo consumo energético no precisa ir en constante aumento pues ya es una nación industrializada, a diferencia de la Argentina que aún precisa desarrollar enormemente sus fuerzas productivas, como su población seguir incorporándose a los servicios de gas por redes y electricidad. ¿Se imagina el lector una Energiewende a la criolla, como nos proponen desde el Ministerio de Medio Ambiente y del diario La Nación? Además, ¿no era que querían eliminar los subsidios energéticos? Sepa el neoliberalismo verde que una política energética medioambientalmente seria y responsable pasa por sustituir los combustibles fósiles por la energía nuclear y la renovable hidroeléctrica.

¿Obras de saneamiento? ¡A nosotros no!

Diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «… la misma energía [que generarían las represas] podría obtenerse a un precio mucho menor aplicando los recursos en inversiones en otras áreas prioritarias y postergadas, por ejemplo servicios cloacales, vivienda y educación».

¿Así que los «… servicios cloacales, vivienda y educación» son áreas «prioritarias y postergadas»? Para no abrumar al lector, vayamos solo con los servicios cloacales. En marzo de 2006 el gobierno nacional creó AySA para dar continuidad, mejorar y expandir los servicios esenciales de agua potable y desagües cloacales para la población de Buenos Aires y el primer cordón del conurbano, teniendo como premisas la inclusión social y la preservación de los recursos ambientales.

Es así que, a través de AySA y de todas las obras realizadas en el resto del país, el Estado volvió a desempeñar un rol activo en la provisión de estos servicios esenciales creando 9 millones de nuevos beneficiarios por ampliaciones en las redes de provisión de agua y cloacas. Esta inversión tiene su correlato en la mejora de la salud, destacándose en particular la reducción del 29% de la mortalidad infantil. En el período que va de 2006 hasta 2015, la inversión total ejecutada de AySA ha sido de 26.714 millones de pesos, con un saldo de 727 obras terminadas y 8.000.000 de beneficiarios. Siendo que, si en el año 2003 el número de habitantes servidos con agua potable era de 6.935.516, para este 2015 ese número creció más de un 34% llegando a una población beneficiada de 9.293.760 de personas. Por su parte, si la población con acceso al servicio de cloacas llegaba en el 2003 apenas a los 5.136.755, durante este año esa cifra aumentó más del 40% al alcanzar los 7.207.546 beneficiarios. Los avances son incuestionables y lo que hemos revertido no es el abandono producto del cuarto de siglo infame entre 1976 y 2003, sino de casi cincuenta años de ninguneo popular.

Para cerrar esta cuestión y en materia de inversiones, quisiéramos refrescar la memoria al diario La Nación. En los últimos doce años se han ejecutado, entre centrales energéticas, gasoductos, electroductos, viviendas, obras viales, obras de saneamiento y agua, etc. unos 107.825 millones de dólares. ¿Dónde iban a parar los dólares en tiempos de una planificación para el endeudamiento argentino? Pregúntese al FMI y a la Sociedad Rural. ¿Cuánto «invertía» el neoliberalismo en infraestructura y a qué se destinaba? Veamos. En la serie 1984-2014 de Obras Públicas (INDEC), se aprecia que entre 1984 y 1989 se invirtieron a razón de 1.000 a 1.600 millones de dólares en obra pública por año. Los montos en la década del 90, si bien registraron picos de 2.200-2.500 millones de dólares, se mantuvieron prácticamente iguales a los de la administración del Presidente Alfonsín. Entre 1984 y 2002, el total invertido en obra pública no superó los 25.000 millones. Es decir y comparado con la inversión de los últimos doce años, 3,6 veces menos.

Zonceras sobre licitaciones y catástrofes medioambientales

Dice el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Cabe recordar algunos aspectos que no pueden soslayarse en esta discusión. Para la construcción de las represas se han hecho tres licitaciones, y entre la primera, realizada en 2007, y la última, efectuada en 2012, su costo ha aumentado cuatro veces. En medio de fuertes polémicas, fue adjudicada su construcción al Gezhouba Group (China), Electroingeniería e Hidrocuyo. Gezhouba Group es la empresa que intervino en la construcción de la represa Tres Gargantas, en China, la más grande del planeta hasta el momento, reconocida por las desastrosas consecuencias ambientales que produjo en el río Yangtsé».

De atrás para adelante. El argumento de las consecuencias ambientales de Tres Gargantas en el río Yangtsé es insostenible por donde se lo aborde. Primero, si mide las consecuencias ambientales de la referida represa, debe medir también las consecuencias ambientales de la contaminación del aire en China producto de las centrales termoeléctricas a gas natural y a carbón. Y agregamos otra variable que debe ser tenida incluso mucho más en cuenta a la hora de analizar el impacto humano y ambiental entre fuentes energéticas: la mortalidad por tipo de energía (para ser precisos, la cantidad de muertes sobre TWh generados). Retamos al editorialista que encuentre un estudio científico de la OMS, del gobierno chino, o si prefiere, de la OCDE, que concluya que la hidroelectricidad es más contaminante o mortal que los combustibles fósiles.

En relación a las licitaciones. Las obras para la construcción de las represas Presidente Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic se adjudicaron en agosto de 2013 a la UTE integrada por Gezhouba (China), Hidrocuyo y Electroingeniería (ambas argentinas). ¿Por qué esta licitación? Porque en 2010, el consorcio integrado por las empresas IMPSA (Argentina), Corporación América (Argentina) y Camargo Correa (Brasil) no obtuvieron el financiamiento que el proyecto requería. Luego de una extensión de casi dos años, los gobiernos nacional y provincial (Santa Cruz) dieron por cerrado este primer proceso licitatorio. En agosto de 2012 se inició una nueva licitación. Seis meses más tarde, 5 ofertas con participaron de 21 empresas (14 argentinas, 2 brasileñas, 2 chinas, 1 francesa, 1 coreana y 1 española). La preselección ocurrió en junio del mismo año (2013) con 4 ofertas, siendo que en agosto de 2013 la referida UTE logró la adjudicación. Debemos agregar que, gracias al financiamiento (U$S 4.700) aportado por tres bancos chinos -CDB, ICBC y Bank of China- ingresará al BCRA durante la etapa de construcción un el 77% de los 4.700 millones de dólares. ¿Cómo se pagará este financiamiento? De la propia energía que generen las represas y que vendan a CAMMESA. Ha sido justamente esta ventaja una imposible de igualar por los oferentes competidores.

¿Cuándo creció Electroingeniería?

Dice La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Por su parte, Electroingeniería es una empresa que comenzó construyendo tableros electrónicos en los años 80 para terminar participando de las grandes obras durante la gestión kirchnerista, como Atucha II».

No nos corresponde a nosotros defender a Electroingeniería. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar un aspecto clave, omitido por Mitre, referido a esta empresa: en entrevista que el diario El Cronista formuló el 25 de marzo de 2015 al presidente de esta compañía, Osvaldo Acosta, éste reconoció que «…el mejor decenio [para Electroingeniería] fue de 1990 a 2000. En la época de Menem crecimos 70 veces». Pero Electroingeniería durante los noventa no fue ningún foco de ataque por parte de La Nación.

La opereta Petrobrás

Leemos en la editorial del diario La Nación del día 2 de enero de 2016: «Electroingeniería, del kirchnerista Gerardo Ferreyra, ha sido recientemente involucrada, junto al ex ministro de Planificación Julio De Vido, en el escándalo de sobornos de Petrobras».

Sobre la opereta Petrobras, reitero: impedimos que la columna vertebral del sistema energético quedara en manos de un fondo buitre con domicilio incierto y nula experiencia. No me arrepiento de que el Estado haya recuperado un activo estratégico como el transporte de energía, beneficiando a todos los argentinos. No conozco a Jorge Luz y a Fernando Baiano, nunca los vi en mi vida ni sé que gestiones pudieron haber realizado. Sí sé que gracias a la decisión política de Néstor Kirchner, pudimos defender el interés nacional y evitamos extranjerización de Transener. Aprovecho la oportunidad para recordarle al diario La Nación preocupada en este supuesto escándalo, que Techint fue reiteradamente denunciada e involucrada en el escándalo del «petrolao» (coimas y contratistas de Petrobras), como proveedor de servicios, equipos y materiales. Sin embargo, este diario nunca editorializó sobre el Grupo ítalo-argentino Techint, ni mucho menos sobre su titular Paolo Rocca.

¡Santa Cruz y la Patagonia quieren ser otra cosa que viento! ¿Cuántas hectáreas necesitan 1.740MW eólicos?

Afirma el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «En la Patagonia, la tierra del viento, el desarrollo de energías renovables también podría generar trabajo. El vertiginoso abaratamiento de costos, en particular en los casos de la energía eólica y solar, podría generar puestos laborales mucho más duraderos, favoreciendo el desarrollo de insumos y servicios sin afectar los valiosos recursos naturales. Esto nos colocaría entre los países que realizan un cambio hacia una sociedad más baja en emisiones de carbono y en camino hacia el cumplimiento de los objetivos de la reciente cumbre del cambio climático realizada en París».

Este párrafo resulta un verdadero canto a la desinformación y a la ignorancia. En primer lugar, debería saber el matutino que la Patagonia es muchísimo más que una tierra del viento. Nos recuerda esta denigrante concepción sobre todos aquellos compatriotas que viven al sur del Río Colorado los insólitos fundamentos del denominado Plan Belgrano y que bien vale la pena refrescar: «Cuando pensamos qué quiere decir ser argentino, muchas veces pensamos en paisajes que vienen del norte, canciones que vienen del norte, recuerdos que vienen del norte. El norte le dio y le sigue dando mucho a la Argentina. ¿Qué le dio la Argentina a cambio? No mucho. Mucho menos de lo que el norte y su gente se merecían». La Argentina y el norte (de la Argentina) son dos entidades separadas, reducidas a la naturaleza y a cancioneros. Juntándolo todo, queda claro que para el macrismo el norte de la Argentina son paisajes, canciones y recuerdos, mientras que el sur es viento. Oscar Aguad, el democrático y federal ministro de telecomunicaciones lo sintetizó mucho mejor: «El centro del país votó favorablemente a Mauricio Macri, y el resto votó al peronismo. El centro de Argentina es el país que produce, el norte y el sur viven del clientelismo popular». Faltó decir que son los paisajes áridos del norte y el incesante y molesto viento del sur los culpables de que la barbarie allende las pampas sea proclive a vender su dignidad por un voto, un colchón o un choripán.

Pero digamos algo más al respecto de la «tierra del viento». Hemos sido nosotros los que hemos construido los mayores y únicos parques eólicos en la Patagonia. No ha habido mayor diversificación de la matriz en cuanto incorporación de este tipo de tecnología (igual para la solar, en el norte del país) que la verificada en estos últimos doce años. Cabe aclarar a propósito que hemos dejado aprobados 62 proyectos renovables por 5.500MW de los cuales 5.000 son eólicos. También dejamos diseñado un Plan de 21.000 megavatios en nuevas Centrales hasta 2025. Es importante remarcar esto, pues Néstor Kirchner no tuvo esa suerte. No encontró un megavatio, km de línea o gasoducto en construcción. Y una consideración más en relación a la «tierra del viento». Entre los muchos beneficios del embalse derivado de las represas, se tornarán cultivables más de 35.000 hectáreas producto de la aparición de zonas de riego. Este dato es inédito en la historia de Santa Cruz y bien podría considerarse el primer y estratégico paso para convertir a la Patagonia en algo mucho más valioso que la «tierra del viento».

En segundo lugar, nótese cómo el diario La Nación se pliega a la política emanada del Ministerio de Medio Ambiente de poner el centro de la lucha contra el calentamiento global el desarrollo de las energías eólica y solar por sobre la nuclear y la hidráulica. Hemos visto del informe del OETEC referido al comienzo que en las principales secretarías de dicha cartera figuran ex directos de Greenpeace y demás ONGs del fundamentalismo ecologista, todos ellos declarados furibundos activistas anti-nucleares y anti-represas. El congelamiento del Plan Nuclear (relanzado en 2006) y la paralización del Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas (creado en 2009) serán mucho más realizables por medio de los tradicionales argumentos medioambientales-medievales. Que Fukushima, que Chernóbil, que las tierras bajo agua, que la tierra del viento, etc.

Por último y como fuera mencionado en el subtítulo, la instalación de 1.740 MW pero en energía eólica -que es a donde apunta el medioambientalismo-medieval al frente del Ministerio de Medio Ambiente- el parque eólico en cuestión debería contar con más de 2.000 aerogeneradores. Esto representa una superficie ocupada de 200.000 hectáreas, una superficie mayor a la que se utilizará para los embalses de las represas. Esto, claro está, por su factor de utilización de 0,4. Aun así, dada la aleatoriedad del recurso, no se contaría con suficiente garantía en su generación, ni reserva de potencia activa del sistema, además de los inconvenientes en la capacidad de regulación de frecuencia.

Llama la atención pues que al hablar de energías eólica y solar como sustitutos de las represas no tengan en cuenta el factor «inundación de tierras». Añadimos también, que la disponibilidad de más energía en la zona -gracias a las líneas de transporte instaladas y de las que hablábamos antes- posibilitará el desarrollo de industrias metalúrgicas, gasíferas, pesqueras y petroleras, entre otras. El sector turístico aprovechará los embalses que se generarán en ambas represas para la realización de deportes náuticos y emprendimientos turísticos. Sumará un nuevo destino para los visitantes de la zona y por consiguiente fortalecerá las economías regionales. Se habilitarán decenas de miles de hectáreas para cultivos. Lejos de perjudicar a nadie, la utilización del río Santa Cruz beneficiará, gracias a la interconexión eléctrica existente, a la sociedad argentina en su conjunto.

Las tierras inundadas, ¿de quién son y cuánto se pagó?

Dice el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Desde el punto de vista territorial, las represas inundarían tierras sobre las márgenes del río Santa Cruz, que corresponden a estancias que compró previa y premeditadamente el pseudoempresario kirchnerista Lázaro Báez por conocer de modo anticipado cuál sería el área que iba a ser considerada expropiable. En 2010 se supo que el complejo hidroeléctrico se erigiría en 182.000 hectáreas que son propiedad de sociedades pertenecientes al citado presunto testaferro de la familia Kirchner».

Ponemos a consideración del lector de La Nación, el «Informe de juicios expropiatorios: represas Presidente Dr. Néstor Carlos Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic», Río Gallegos, 22 de Diciembre de 2015. Transcribimos lo que todo lector del referido medio debería conocer y que el editor en jefe omite o ignora.

La cantidad de estancias sujetas a expropiación son 49. La cantidad de juicios de expropiación en trámite con 46. El monto total erogado a la fecha en concepto de indemnizaciones: $2.069.699,16. El monto total solicitado a la fecha al ministerio de Economía de la Provincia de Santa Cruz: $2.150.819,97. Se aclara que el monto excedente solicitado correspondería a algunas estancias cuyo valor indemnizatorio no se ha determinado a la fecha. Adjuntamos el listado completo de los juicios expropiatorios para que la ciudadanía conozca la propiedad de las tierras:

Audiencia pública, glaciares y medioambientalismo-medieval

Dice el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Desde el punto de vista ambiental, no debe olvidarse que la construcción de las represas podría ocasionar daños ambientales en el río Santa Cruz, en su ecosistema, y especialmente en los glaciares Perito Moreno y Upsala, que forman parte del Parque Nacional los Glaciares, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sin embargo, a pesar de los daños potenciales que un proyecto de esta envergadura podría generar, y sin haber cumplido con el procedimiento previo de evaluación de impacto ambiental, se apuró el inicio de sus obras a mitad del año pasado».

Vamos por partes. ¿Cómo que sin haber cumplido el procedimiento previo de evaluación de impacto ambiental? Citamos textualmente el párrafo del informe del Observatorio OETEC, participante de la audiencia pública del 9 de diciembre cuya acta resolvió aprobar el Estudio de Impacto Ambiental de la obra: «En el marco del artículo 5to y 8vo de la Ley Provincial 2.658 de Evaluación de Impacto Ambiental, a su vez en función de lo establecido por la Subsecretaría de Medio Ambiente de la Provincia de Santa Cruz, el día 9 de diciembre se llevó a cabo una audiencia pública por la construcción de las represas. ¿Para qué la audiencia pública? Se trata de un instrumento fundamental de la política ambiental que se basa en la participación ciudadana, a los efectos de poner a su consideración el estudio de impacto ambiental presentado por las partes involucradas en la construcción y manejo de las obras energéticas en cuestión. La audiencia en cuestión se extendió entre las 11am hasta las 19:10; contó con cerca de 61 exposiciones que entre las consultas y opiniones de un público que colmó la sala (capacidad para 250 personas sentadas), terminaron en cerca de 100 intervenciones. Extrañamente, ninguna de las ONGs opuestas a las obras sobre el Río Santa Cruz y, en especial Banco de Bosques, se hicieron presente en esta instancia de participación exageradamente reclamada por ellos mismos desde las redes sociales y medios propios; al parecer sólo desean legitimar las acciones realizadas por sus organizaciones y no las propuestas por las leyes y los estados provinciales. En fin, en la audiencia se abordaron los aspectos ambientales y de protección de la fauna, la protección del glaciar y nivel de desacople de las presas con el lago argentino, aspectos expropiatorios especialmente sobre el punto de 200 metros desde línea de rivera, especialmente presentados por los representantes de los pueblos originarios; beneficios de la energía hidroeléctrica frente a otros tipos de energía que utilizan combustibles fósiles; importante consenso de casi todos los sectores sobre el beneficio general de la obra para la Provincia, siempre destacando y coincidiendo en la necesidad de que la obra se realice respetando en su totalidad las normas aplicables y especialmente las ambientales. Asimismo, existen estudios que aseguran con un nivel técnico ampliamente suficiente que el nivel de las presas está desacoplado del Lago Argentino y por ende no habrá afectación de los glaciares por este aspecto. La resolución del acta de la audiencia pública dice así: «… Se ha aprobado el Estudio de Impacto Ambiental de la obra… Se informa a la comunidad que están invitados a continuar acompañando este procedimiento de evaluación de impacto ambiental». Invitamos al diario La Nación a que publique la resolución de la audiencia pública del 9 de diciembre.

Desde el mismísimo Pliego de la Licitación que se asegura el acompañamiento de los niveles naturales del Lago Argentino, y por tanto, la no afectación de los glaciares.

Los estudios interdisciplinarios realizados por prestigiosos profesionales e instituciones nacionales e internacionales junto con la dirección técnica de la UTE involucrada así lo aseguraron. Debe tenerse en cuenta además que la operación de las represas estará regulada por el Comité de Cuenca de la provincia de Santa Cruz. Durante este último tiempo se profundizaron los estudios interdisciplinarios en paralelo con la Provincia de Santa Cruz y la Universidad de la Plata. Estos aportes determinaron que se podían realizar modificaciones para que en forma redundante, visualmente existiera un tramo de río, lo cual daría mayor tranquilidad subjetiva respecto a la no afectación, manteniendo la capacidad de generación del complejo hidroeléctrico. Entonces se modificó el proyecto básico (original) disminuyendo en 2.40 metros el nivel máximo de operación de la represa Néstor Kirchner, de 178,90 a 176,50 metros y se elevó de 112,2 a 114 metros el nivel máximo de operación de la represa Jorge Cepernic. Estas modificaciones fueron avaladas por los más prestigiosos expertos del mundo en diseño de presas y garantizan la capacidad de generación original y despejan cualquier duda sobre la afectación de los glaciares. En pocas palabras, el desacople del lago Néstor Kirchner del Lago Argentino garantiza que no habrá afectación alguna de ningún glaciar.

Explica el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Esa decisión [supuestamente la de no haber cumplido con el procedimiento previo de evaluación de impacto ambiental] dio motivo a la presentación de medidas cautelares por parte de varias organizaciones ecologistas ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para detener precisamente la construcción de las obras».

Rechazamos absolutamente que ONGs del tipo que fueran, así como el reciente accionar del Poder Ejecutivo en relación a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y su intervención al AFSCA y la AFTIC, se ubiquen por encima de las leyes nacionales y las leyes provinciales, sus instituciones y resoluciones.

Dice el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «A principios del mes pasado, y con escasa información disponible, se celebró una audiencia pública en la localidad de Piedra Buena para analizar el estudio de impacto ambiental que no detalla los efectos sobre los glaciares mencionados ni cumple con la evaluación ambiental estratégica que exige la ley de glaciares. En lo que podría calificarse como una reunión de interesados, no faltaron los autoelogios y, entre los méritos principales atribuidos a las represas, sobresalió la generación de mano de obra local».

Para la derecha argentina las audiencias públicas sólo tienen legitimidad si sus resoluciones se alinean a los fines de una Argentina atrofiada, subdesarrollada y con provincias sometidas. Esto es válido también para la crítica de la militancia K en AFSCA. Sólo son militantes los K. Los miembros del PRO, los familiares de Aguad, Macri, etc. no son militantes. En este caso se trata de neutrales servidores políticos carentes de todo conflicto de interés.

Afirma el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «No sorprende que ayer, apenas un mes después de celebrada la rústica audiencia pública, Ferreyra (Electroingeniería) haya iniciado una campaña en defensa de la construcción de las represas -o en defensa de sus propios intereses…»

Las campañas de empresarios en defensa de sus propios intereses solo vale para la Sociedad Rural, Cristiano Rattazzi, Paolo Roca y Juan José Aranguren (mientras estaba en Shell y nos intentaba extorsionar presionando con una alineación de los precios de los combustibles a los internacionales, como finalmente logrará ahora para desgracia del ciudadano consumidor). El diario La Nación sólo acepta la defensa de la seguridad jurídica empresaria en hombres y mujeres de negocios que en tiempo de populismo K se hayan revelado al oficialismo y que hoy «adoren» al nuevo oficialismo.

El diario “La Nación” dando clases de inversiones públicas y bienestar popular

Dice el diario La Nación en su editorial del día 2 de enero de 2016: «Aún estamos a tiempo de tomar una decisión sensata que propicie inversiones públicas para el bienestar de la mayoría de los argentinos de hoy y del futuro…»

La derecha argentina preocupada por ejecutar inversiones públicas que mejoren el bienestar de la mayoría de los argentinos resulta como mínimo una tomadura de pelo. Cuando gobernaron la Argentina, por los votos o por la fuerza, las inversiones públicas no sólo se redujeron a cero, sino que los presupuestos se definían en los despachos del FMI. Mientras tanto, las provincias engañadas y restringidas por el Compromiso Federal para el Crecimiento y la Disciplina Fiscal de 1999 y 2000 veían caer su recaudación e inversión local, cercenados sus derechos y los de sus ciudadanos.

Y ya que hablamos de inversiones públicas, aprovechamos para recordarle al diario La Nación las primeras inversiones que el gobierno nacional por el que tanto luchó viene ejecutando: endeudamiento por 8.000 millones de dólares con la banca extranjera cómplice de la crisis financiera de 2008; privación al pueblo argentino de 2.000 a 3.000 millones de dólares anuales (subsidio a la Sociedad Rural, CRA, CARBAP y las corporaciones de los agro-negocios); apertura de las puertas a las importaciones; poner en jaque más de 4.000.000 de empleos solamente por el impacto negativo en los 2.000.000 de comercios, fábricas y empresas que traerá aparejado la quita de subsidios energéticos; el desmantelamiento del Fondo Federal Solidario de la Soja (según OETEC y en base a datos del Ministerio de Planificación, en el último lustro este Fondo entregó recursos a las 23 provincias y a sus respectivos municipios por 70.000 millones de pesos ); y por último aunque clave de todo este asunto, destruir la alianza estratégica con China y los cerca de 13.000 millones de dólares en inversiones comprometidas (sin contar el swap por 11.000 millones en marcha que hoy sostiene las aventuras devaluadoras del macrismo).

10.725 millones de dólares ahorrados para el país son cuestionables; que en Parques Nacionales asuma un ex Philip Morris, no

El diario La Nación cierra su editorial del día 2 de enero de 2016 de esta forma: «Se trata de una obra de efectos eminentemente transgeneracionales y está en manos de las nuevas autoridades detener la construcción de estas represas o convalidar un hecho que resulta económica, ambiental y éticamente cuestionable. Es el momento de hacerlo y sin más demoras».

Cuestiona el diario lo incuestionable. Durante los 15 años que tiene como plazo el crédito del proyecto -que además se repagará con la venta de la energía de las centrales a CAMMESA- la República Argentina tendrá un saldo positivo de divisas por un total de 6.217 millones de dólares. Luego del año 15 (9 años con posterioridad a la finalización de las represas), el proyecto seguirá generando ahorro por sustitución de compra de combustibles en el exterior, cumplida la obligación de capital e intereses por crédito. El ahorro por sustitución de combustibles importados (valores acumulados) ronda los 10.725 millones de dólares. Esto, claro, es cuestionable. Medioambientalmente también son cuestionables las represas . Sin embargo, nada que cuestionar a la muy verde decisión de tener frente de Parques Nacionales a un ex Philip Morris (Eugenio Breard), en Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires a un ex Monsanto (Leonardo Sarquís) y en el Ministerio de Energía de la Nación a un ex Shell (Juan José Aranguren).

Nuevo escenario global

Hemos dejado para el final, aunque adelantado en nuestra introducción, aquello que creemos explica el virulento y recurrente ataque del diario La Nación a las represas. Y es, ya que venimos hablando de cuestionamientos, el cuestionamiento geopolítico. Sea por indicación de sus aliados occidentales o por su bicentenario repudio a cualquier ecuación comercial, económica y política que quite los pies del plato y nos aleje del destino manifiesto de eternos proveedores de granos y vacas en la división internacional del trabajo impuesta desde Rivadavia y Canning hasta el Banco Central Europeo, el FMI y los buitres, el diario La Nación ha declarado desde hace ya mucho tiempo la guerra a la alianza estratégica que desde 2003 hemos pacientemente construido con la República Popular China. En realidad, combate la geopolítica nacional en todos los planos y con todos nuestros aliados no tradicionales.

En este sentido, hacemos propias las palabras del director de este Observatorio: «Que una Argentina en vías de ser otra cosa que eterno proveedor de rumiantes y clorofila se alíe a un país como China es algo inédito en nuestra historia y debe trascender los planteos (en su mayoría del propio campo popular) de si las condiciones del intercambio (manufacturas/materias primas) son o no son las óptimas o convenientes. China se guía por sus propios intereses, pero se trata de una potencia que a la hora de extender sus influjos y consolidar sus mercados interno y externo sale del patrón de expansión hegemónica (imperialista) anglo-sajón. La nueva alianza sino-argentina será fructífera y colaborará con un desenvolvimiento genuino y progresivo de nuestras fuerzas productivas si la creatividad nacional y popular y la decisión política están, como lo indican los recientes acuerdos, a la altura de las necesidades de nuestra irresuelta cuestión nacional.

La alianza y la asociación estratégica con China ya trasciende los planos meramente financiero y comercial: comienza a servir para blindar los avances y las conquistas sociales, industriales, científicas, tecnológicas y energéticas de los últimos once años contra futuros embates privatizadores y derogadores. Y no está mal blindarse con socios extranjeros: ¡Desde 1810 que los enemigos domésticos del pueblo argentino nos tienen a maltraer gracias al auxilio foráneo!».

«De la misma manera que una Argentina miembro destacado del G20, que ha logrado persuadir a los líderes del mundo emergente y de las naciones en vías de autosuficiencia y emancipación de que es posible sortear la crisis del capitalismo financiero y especulador sin recurrir a Friedman y Hayek; de que es posible reestructurar deuda y desendeudarse sin caer en el FMI ni en las garras del terrorismo financiero y especulador occidental, la República Popular China demuestra al mundo (y específicamente a los presuntos civilizados de Occidente) que se puede trabajar y avanzar en un nuevo orden de las relaciones internacionales basadas en una cooperación de tipo «win-win». En efecto, el especialista Wu Baiyi del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales nos explica esa distinción clave: «China está experimentando con algo que ninguna otra gran potencia ha intentado antes: convertir en principio básico de las relaciones internacionales a la cooperación equitativamente provechosa entre naciones [«win-win»]. Bajo este nuevo liderazgo, China ha practicado articuladamente un enfoque más equilibrado a la hora de defender principios y buscar intereses, con el eje puesto en negociaciones basadas en la buena fe, la amistad, la justicia y la fuerza moral»».

Adivina adivinador: ¿a quiénes les molesta la alianza estratégica integral entre Argentina y China?

Es conocido el importante y creciente ingreso de China a América Latina. Sin embargo, los montos de las inversiones comprometidas en nuestro país y las obras involucradas (energéticas, nucleares, estaciones terrenas, etc.) están muy por encima de lo sucedido en el resto de los países de la región. Como fuera mencionado antes, la alianza sino-argentina debe llegar a su fin, o al menos, abandonar la línea con la que se venía avanzando. El giro político y geopolítico regional e internacional de la administración macrista es de 180°.

El Plan Belgrano y las negociaciones del gobierno con la Unión Europea, con el bloque de la Alianza del Pacífico y con los miembros del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica se propone reinsertarnos en el «mundo» otra vez como eternos proveedores de materias primas, reprimarizando nuestras exportaciones. En esta estrategia geopolítica regional y global, ni el Presidente de la Nación ni el Presidente de la Sociedad Rural pinchan ni cortan. Acá es EE.UU. el que dirige la batuta, imponiéndole a la administración de turno regresar al país chico y a las viejas relaciones internacionales que tanto daño produjeron a nuestro pueblo, a nuestras provincias, al sector industrial, al mercado interno, a las economías regionales, a una ciencia y tecnología soberanas y pueblocéntricas.

El diario La Nación, fiel exponente del conservadurismo doméstico, dispara contra una obra emblemática de la alianza estratégica entre nuestro país y la potencia mundial asiática; es consciente que si cae la primera cae la segunda. Le importa un rábano mentir, tergiversar y quedar en ridículo con tal de cumplir el supremo mandamiento. Electroingeniería y los chinos constituyen un perjuicio y una afrenta nacional. No recibieron igual trato la empresa Impregilo en relación a las obras de Yacyretá. Igual con Siemens que nos plantó en Atucha II como consecuencia de la decisión del gobierno alemán de cerrar su programa nuclear. De hecho, leyendo a La Nación daba la impresión que era más grave terminar la obra y poner en marcha nuestra tercera central nuclear que el increíble comportamiento abandónico de la firma germana y su inseguridad jurídica.

El problema es China, sus yuanes, sus inversiones, su «win-win» y el desplazamiento que provocaron a las empresas, industrias y financieras estadounidenses y europeas. Pero ni Europa ni Estados Unidos pueden darse el lujo de volver a perder América del Sur. Minar el principal punto de apoyo así como removerle a China el aliado cualitativamente más importante jamás conseguido en esta parte del mundo -la Argentina del Bicentenario- son objetivos determinantes de la estrategia imperial y neocolonialista en este siglo XXI que recién despunta.

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