agosto 6, 2013
Declaraciones de Cristina al cierre de las sesiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
Creo que es hora de replantear y redefinir nuevas prácticas; esto fue lo que planteamos, creo que hubo un interesante debate que afectan, ya no a la soberanía de los países, sino también la libertad de las personas y el derecho a la intimidad.

 

Creo que lo que es importante, por lo menos lo que planteamos nosotros, no desde la presidencia, sino de nuestro carácter de país es la necesidad de reforma, lo que venimos haciendo hace mucho tiempo que la Carta Orgánica de Naciones Unidas, en general y específicamente del Consejo de Seguridad. Creemos que uno de los principales problemas que tiene la gestión del conflicto, que es fundamentalmente el ámbito donde se resuelven los conflictos, en el Consejo de Seguridad es precisamente el derecho de veto, que ejercen los países. Creemos – como lo dije ayer – que ampliar el número de los países, que tengan derecho a veto, o sea que sean miembros permanentes, no hacen más que agrandar el problema, porque en lugar de tener cinco derechos a veto, vamos a tener siete, ocho o nuevo, con lo cual se va a tonar todo absolutamente caótico, insoluble, casi como una Torre de Babel, torre de intereses. Entonces creo que ante un mundo que ha cambiado sustancialmente creo que también no se pueden seguir con los métodos que se crearon, en el año 1945, cuando fue la creación – a través de la Carta de San Francisco – de Naciones Unidas.

Yo estaba, recién, leyendo un poco las 61 reglas que rigen el Consejo de Seguridad y realmente no lo tornan operativo para nada. Y puse en comparación lo que había sucedido con UNASUR; con CELAC, que tenemos mecanismos en donde llegamos a consensos. Esto nos obliga, fundamentalmente, a discutir, a debatir y a no levantarnos de nuestro lugar hasta que hayamos obtenido una solución. Esto nos dio muchísimo resultado, fue el resultado de la Declaración de la Moneda, cuando en la crisis de Pando, estuvo a punto de ser destituido el presidente Evo Morales; en la crisis de Ecuador, cuando estuvo a punto de ser destituido el presidente Rafael Correa; en la Declaración de Buenos Aires, cuando hubo también una serie de inconvenientes entre Ecuador y Colombia que motivó que nos reuniéramos en Bariloche. Tú te acuerdas del plan, que aparentemente se había descubierto, por parte de Estados Unidos, en Colombia y hubo serias divergencias y lo sorteamos, mientras la Declaración de Bariloche asegurando mecanismos donde nos explicaron, ¿te acuerdas el tema de las bases que se iban a instalar en Colombia fundamentalmente?

Luego fue el episodio fuerte, muy fuerte que hubo entre Colombia y Venezuela donde medió el entonces secretario general de la UNASUR, el presidente Néstor Kirchner, que en el Acuerdo de Santa Marta selló finalmente un acuerdo entre ambos país. Y antes, había sido el Consenso de Río, que es hoy la actual CELAC, la que pudo en la reunión de República Dominicana salvar aquel conflicto tan grave que significó la inclusión sobre tierra ecuatoriana del Ejército colombiano, siendo presidida Colombia por el presidente Álvaro Uribe.

Yo creo que hemos puesto de manifiesto una forma de abordar los problemas. Ahora, si cada uno de nosotros hubiera tenido derecho de veto, hay que hacer un ejercicio: si, por ejemplo, Colombia hubiera tenido derecho de veto, ¿qué hubiera pasado? Si hubiera tenido Venezuela o si lo hubiera tenido algún organismo intra-nacional dentro de Ecuador o Bolivia.

Creemos que el derecho de veto, que es un organismo típico de gestión de gobierno en todas las democracias, tiene poco que ver con el Consejo de Seguridad que es un ámbito de gestión de conflictos. Cuando hay gestión de conflictos, el ejercicio del derecho de veto, lejos de contribuir a arreglar esos conflictos, hace primar los intereses particulares de algún país o de alguna región e impiden las soluciones.

Creo que, entonces, es hora de replantear y redefinir nuevas prácticas. Esto fue un poco lo que planteamos, creo que hubo un interesante debate también en torno a cuestiones que son de público y notorio conocimiento que afectan, yo creo, ya no a la soberanía de los países, sino también la libertad de las personas, el derecho a la intimidad de las personas en todos los países del mundo porque eso ya es una cuestión global y creo que también fue puesto sobre la mesa.

Bueno, creo que el desafío que tienen algunos países es ese, ¿no?, articular su seguridad pero respetando la soberanía de los países y la privacidad de todos los ciudadanos, incluido los propios.

Gracias.

 

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