diciembre 9, 2016
Cristina Kirchner en Brasil: ¿Cómo vivían con nuestras políticas y cómo están ahora con las políticas del retorno del neoliberalismo?
A mí me gusta ver qué impacto ha tenido la aplicación de nuestras políticas en la vida cotidiana de la gente. ¿Y cuál es el impacto de las políticas que se han aplicado el último año?
CFK en Brasil

 

 

Muchas gracias. Muy buenas tardes a todos y a todas. Querida Dilma Rousseff, presidenta legítima de la República Federativa del Brasil. Agradecer también a la Fundación Perseu Abramo por esta cálida bienvenida y esta invitación a compartir una tarde y reflexionar junto a los compañeros y compañeras del PT de Brasil. También un saludo grande a su presidente y a las autoridades.

 

La verdad que cuando me invitaron y vi el temario, el neoliberalismo, el retorno del neoliberalismo, la lucha en América Latina, y este momento en que no puedo sustraerme, hace exactamente un año a esta misma hora en una plaza colmada, una Plaza de Mayo colmada de cientos de miles de compatriotas, finalizaban mis dos períodos de gobierno, y finalizaba también el período de crecimiento con inclusión social más extenso y continuado de la historia de nuestro país, la Argentina.

 

Dilma hablaba hace unos instantes de ese período histórico de aproximadamente 15 años que marcó para siempre, creo yo, porque no nos pongamos tristes por los retrocesos, la historia no se construye en 2 o 3 años, la historia se construye a partir de experiencias, de memorias y de vivencias, y estos 15 años de gobiernos nacionales, populares y democráticos marcaron definitivamente la vida de la región.

 

Creo que puede decirse: bueno, pero ¿por qué el retroceso, si han sido períodos de inclusión social? Durante la década de los 90 yo recuerdo, por ejemplo, en el año ’97 se crecía a un 7% pero sin inclusión social, cada vez más gente excluida de los sistemas jubilatorios, del trabajo formal, de la educación, de la universidad.

 

¿Cómo podemos decir que terminamos hace un año en nuestro país? Ese 9 de diciembre la Argentina había registrado en el tercer trimestre del año el índice de desocupación más bajo de las últimas décadas: 5,9.

 

El nivel de endeudamiento, algo que fue clave y fue endémico, un peso en todas las democracias latinoamericanas, algunas terminaron muy mal en lo que se denominó la década perdida en los ’80 ante el estrangulamiento de la deuda, la imposibilidad del pago y procesos democráticos que se frustraron a partir de la inviabilidad por el peso de la deuda. De hecho, Néstor Kirchner llega al gobierno en el año 2003 luego de la más importante crisis económica, política e institucional desde la democracia en el año 2001 cuando Argentina defaultea la deuda soberana más importante hasta ahora defaulteada por más de 150.000 millones de dólares. ¿Cómo terminamos luego de 15 años, luego de aquel 2001, en el 2015? Esa deuda que había nacido casi con la Argentina, que tuvo endeudamiento desde el año 1824, desde Rivadavia, la Baring Brothers, un crédito que termina de pagarse casi un siglo después. El endeudamiento era la característica, todo el mundo hablaba de la deuda externa y que nada se podía hacer en la Argentina por la deuda externa y la presencia del FMI que intervenía casi como en la época de las colonias, como si se tratara de un virreinato, en la vida, en la economía y en el destino, claro, de los argentinos. ¿Cómo terminamos en el 2015? Con un FMI que ya había sido pagado junto con Lula aquí en Brasil, y Kirchner en la Argentina, en el año 2005, cuando se decidió terminar con el tutelaje económico y de administración del FMI. Y en el año 2015, con una deuda que representaba solamente el 8,9% del PBI en moneda extranjera en manos de tenedores privados. Habíamos pasado de un peso del 140% del PBI a un 8,9%.

 

Con millones de argentinos y argentinas que no tenían cobertura previsional porque durante la década de los ’90 habían perdido el trabajo, o porque si lo tenían era informal, o porque aún teniéndolo formal no le habían hecho los aportes sus empleadores. Y terminamos merced una política de moratoria e inclusión previsional con la cobertura previsional más alta de América Latina, 97% de la población con cobertura previsional.

 

Con más de 6 millones de puestos de trabajo que se generaron en esos años. Con convenios colectivos que se celebraran periódicamente. Con un salario mínimo vital y móvil que se ajustaba anualmente. Y con salarios que sin lugar a dudas eran en términos nominales los más importantes de Latinoamérica sino que también lo eran en términos de paridad de poder adquisitivo.

 

Y frente a esta situación económica, también un proceso de industrialización. Nuestro país, a diferencia de Brasil, había sufrido una devastadora política desindustrializadora. La convertibilidad, el endeudamiento, un país de servicios, como se lo quería, había terminado con lo que fue uno de los modelos industriales más importantes de la región. Nos abocamos también a un proceso de industrialización y sustitución de importaciones. No porque la sustitución de importaciones fuera un fin en sí mismo, simplemente era uno de los instrumentos para producir esa industrialización y, como decía Dilma, la necesidad de que un país agregue valor a sus productos en su tierra, que es la única manera de generar trabajo genuino y bien remunerado, no hay otra.

 

Paralelamente a esto, con un sistema de educación en donde invertimos la ecuación. Cuando nosotros llegamos al gobierno se destinaba el 6% del PBI al pago de la deuda y apenas el 2% o el 3% a la educación. Invertimos la ecuación: 6% para educación y 2% para deuda.

 

Junto a eso fundamos 19 nuevas universidades, nacionales, públicas y gratuitas que se enclavaron en las zonas más densamente pobladas y tal vez con mayor necesidad de destinar recursos para que los jóvenes que no podían ir a las universidades tradicionales, pudieran tener acceso a estas universidades. Lo cual permitió que cientos de miles de jóvenes fueran los primeros ingresantes de su familia en estudios superiores, los hijos de los obreros, como ésta que está hablando, que es hija de trabajadores y llegó a presidenta porque pudo ir a una universidad nacional, pública y gratuita.

 

El programa de Conectar Igualdad, que significó que nuestros chicos en las secundarias pudieran tener sus computadoras, sumado a un programa de distribución de más de 90 millones de libros gratuitos que se distribuyeron en los colegios públicos de nuestro país, permitiendo el acceso a bienes.

 

Esto provocó, junto al acceso a la salud, junto a una revitalización del rol de los organismos como el PAMI, destinados a la cobertura de salud de nuestros viejos, los propios sindicatos que revitalizados a partir de nuevos cotizantes pudieron volver a dar beneficios a sus afiliados de los cuales no habían podido dar cuenta en los años ’90, porque había caído la cantidad de afiliados. La UOCRA, que agrupa a los trabajadores de la construcción llegó a tener apenas 70.000 u 80.000 cotizantes contra el casi medio millón que lograron en nuestra gestión. Eso se replicó en todos y cada uno de los gremios.

 

Provocando algo que caracterizó al peronismo, como el movimiento popular y nacional en nuestro país, y que es nada más ni nada menos que la movilidad social ascendente, según le dicen los sociólogos, y que nosotros los militantes le decimos oportunidad para mejorar la calidad de vida para todos nuestros compatriotas, de manera tal que la pobreza no sea una condición hereditaria, de manera tal que los hijos de los obreros puedan soñar con ir a la universidad, de manera tal que los trabajadores puedan soñar con acceder a su propia casa, a su auto y a las vacaciones.

 

Esto provocó, porque esto es lo que queríamos lograr, el crecimiento de la demanda agregada de una manera exponencial. Trabajo, buenos salarios, valor agregado, ciencia y tecnología, todo fue sumando a un mercado interno potente, que fue el que nos permitió sortear las crisis que comienzan a provocarse en el año 2008, porque siempre nos han trasladado a los países emergentes las crisis de los grandes centros de poder. Nosotros pudimos sortear en numerosas oportunidades estas crisis que venían de afuera, y otras que realmente las hacían adentro. Porque Dilma querida, yo tengo que contarte a ti y a todos los que hoy nos acompañan los intentos destituyentes hacia esta presidenta, la intencionalidad de generar y provocar crisis para que no pudiéramos terminar el gobierno.

 

Porque ¿cuál era el gran plan que no pudieron ejecutar? Que no termináramos el gobierno, que se provocara una crisis económica y social de manera tal que nadie más intentara siquiera una política de autonomía en materia de relaciones exteriores, de soberanía en materia económica y de inclusión en materia social.

 

Y también de generación de una cultura, porque creo que allí también está uno de los graves problemas de nuestros procesos. Hemos logrado quebrar las barreras económicas y sociales que nos imponían, pero dentro de todo no hemos podido crear el sentido común en nuestras sociedades de que la suerte de los argentinos o los brasileros no son suertes individuales por el esfuerzo de cada uno. Que la suerte en la vida de cada uno de los que habitan América del Sur depende de las políticas concretas que los gobiernos llevan adelante. Y creo que éste es el desafío.

 

 

A un año de aquel día la argentina está llegando a tener dos dígitos de desocupación, en la Ciudad de Buenos Aires ya tiene dos dígitos la desocupación. En numerosas y populosas ciudades ya se han superado los dos dígitos de desocupación.

 

El nivel de endeudamiento vertiginoso en este año se ha elevado de una manera exponencial, en apenas un año se han endeudado en 50.000 millones de dólares y 90.000 millones de dólares en total contemplando instrumentos financieros. ¿Para qué? Para financiar el déficit que toda la vida dijeron que nosotros teníamos. Nosotros terminamos con un déficit de 1,9. Déficit que era un instrumento contracíclico contra las crisis. Cuando el Estado está en crisis, porque desde afuera se modifican las relaciones de intercambio, el ingreso de inversiones, etc., tiene que estar el Estado con los instrumentos que cuenta, y el déficit en tanto y en cuanto no se dispare constituye un instrumento para poder sortear esas crisis. 1,9 teníamos de déficit, hoy está cerca de los 5 puntos el déficit aprobado por Presupuesto. ¿Cómo se ha financiado eso? Con endeudamiento. Endeudamiento para financiar gastos corrientes. Fíjense, los que eran “el mejor equipo” y venían a administrar el país, han endeudado al país para financiar gastos corrientes. Nosotros teníamos un nivel de endeudamiento nulo, prácticamente, porque no teníamos acceso a los mercados financieros, pero además era una decisión política de no endeudarse el gobierno para afrontar gastos corrientes. ¿Cómo lo solventábamos? Con actividad económica, con recaudación y con consumo interno.

 

Producto de la devaluación que dijeron que no iban a hacer, del tarifazo que no iban a hacer, todo eso sumado al endeudamiento, a la lluvia de dólares que no llegó… Porque algunos tenían la idea de que porque no eran peronistas o eran blancos, altos y rubios los dólares venían, y los dólares vienen únicamente cuando hay posibilidad de volver a cobrarlos o de obtener una renta financiera muy importante, pero los dólares que necesitamos son dólares para inversión productiva y no para inversión financiera.

 

Además, Dilma, hablabas de exoneración de impuestos a los sectores pudientes…

 

Se produjo por decisión política del gobierno la transferencia de recursos más importante de la que se tenga memoria a los sectores que están en la cúspide de la pirámide económica en detrimento de las arcas del Estado. Miles de millones de dólares que se transfirieron al sector minero –primario-, cerealero agroexportador –primario también-. Cientos de miles de millones de dólares. Para esto se incumplieron otras promesas.

 

Cuando uno cuenta números y cifras parece ser que habla entre economistas o tecnócratas. A mí me gusta ver qué impacto ha tenido la aplicación de nuestras políticas en la vida cotidiana de la gente. ¿Y cuál es el impacto de las políticas que se han aplicado el último año? La Argentina era un país donde los fines de semana largos con feriados puente las rutas se tornaban intransitables porque todos se iban a algún lugar, los que tenían mas se iban hasta Ezeiza e iban a Miami o a algún otro lado, los que tenían menos se iban a las playas más cercanas, o venían acá a Brasil. El paisaje urbano era de restaurantes que se habían abierto en todas las ciudades, shoppings nuevos. La Matanza tuvo shopping, acá tenemos a la intendenta Verónica Magario. Es una populosa ciudad de más de 2 millones de habitantes. El shopping era un articulo de lujo que estaba únicamente en Buenos Aires, Rosario o Córdoba,  y la gente de otros lugares también tuvo shopping. El paisaje urbano era que los fines de semana no había lugar en ningún restaurante, en ningún cine, que los shopping rebasaban de gente consumiendo, argentinos viajando al exterior, gente con planes de vida.

 

Porque en definitiva, el neoliberalismo es una enfermedad, es una enfermedad que se contagia por múltiples vías -una es la cultural, otra es la mediática- que es un gran desorganizador de la vida.

 

Hasta hace poco tiempo la gente en mi país tenia una vida programada, sabía si se iba a poder ir de vacaciones, llegaba a fin de mes, hacía su plan de cuotas para comprar cosas, si tenía un mayor poder adquisitivo pensaba en cambiar el auto o comprarse la casa, podían que el chico fuera a la universidad. Programar la vida, organizar la vida a partir de políticas donde ya no sabes qué te va a llegar a fin de mes en concepto de precio del agua, de la luz o del gas, porque no sabes exactamente cuánto vas a pagar, cuando ya no sabes cuánto va a salir la nafta el mes que viene, cuando tampoco sabes si sos inquilino cuánto te van a aumentar las expensas y si vas a poder pagar el alquiler, eso es desorganizar la vida, no saber si tu hijo va a poder seguir estudiando. Eso es lo que ha pasado.

 

CFK en Brasil

 

¿Y qué es lo que se intentó decir? Hablar de la pesada herencia. Como el gobierno terminó con reservas en el Banco Central, funcionando la economía, el consumo, el trabajo, los sindicatos, quisieron crear una tormenta perfecta para decir que la tormenta o la crisis era culpa del gobierno anterior.

 

Fueron ellos los que devaluaron, fueron ellos los que hicieron el tarifazo, fueron ellos los que decidieron rendirse ante los fondos buitre y pagarles, fueron ellos los que decidieron eliminar ingresos genuinos del Tesoro Nacional que provocaron un mayor déficit, fueron ellos los que empezaron a despedir trabajadores dando señales al sector privado que también empezó a despedir trabajadores. Son ellos los que están generando una flexibilización laboral.

 

Porque ésta es la segunda etapa, porque el neoliberalismo necesita una desocupación de dos dígitos y convenios laborales flexibles, porque la clave es que la gente no pelee, baje su intensidad de resistencia ante el ajuste, ante el temor a perder el trabajo. Hay sectores de la economía que han aceptado una reducción de su salario a cambio de que no haya despidos, algo impensable en los últimos 12 años y medio que nos tocó gobernar la Argentina, en los que precisamente el Estado era quien garantizaba a los trabajadores que sus convenios iban a ser respetados, que su derecho a un salario por encima de la inflación, que su derecho a no ser despedidos los garantizaba el Estado, donde todos los años el Ministerio de Trabajo con los sindicatos y la patronal participaba en la negociación tripartita. Ésta era la Argentina que vinieron a destruir.

 

¿Y qué es lo que pasa en nuestros países, mi querida Dilma? Esta América del Sur que supo ir a contramano del neoliberalismo de los países centrales. Cuando nosotros redistribuíamos el ingreso, cuando provocábamos -en el estricto sentido de la palabra- el ingreso a la producción, al trabajo, a los derechos sociales de millones de compatriotas, en otras partes del mundo el neoliberalismo los expulsaba a través de reformas de sistemas jubilatorios, de flexibilización laboral, de crisis de deuda, cuando no de crisis de guerra generando millones de refugiados. Y justamente cuando se está replanteando que el neoliberalismo es un problema a encarar, porque provoca la desintegración de las sociedades, justamente cuando el mundo está viniendo hacia regímenes de mayor protección del trabajo y la industria nacional, justamente acá en América del Sur se les ocurre a algunos que tienen que remar contra la corriente y plantear la restauración o el retorno de un modelo que va a tornar muy difícil la vida de aquellos países que pretendan vivir del endeudamiento, porque no se va a poder vivir del endeudamiento porque va a ser demasiado caro. Además, en cuanto se aviven que los que se están endeudando no tienen capacidad de repago no te van a prestar más, porque nadie va a estar en condiciones de regalar nada, sobre todo cuando en las economías centrales estamos viendo que se van a acentuar más los mecanismos de protección.

 

La pregunta inevitable es ¿por qué las sociedades que han vivido de esta manera, que han conquistado derechos, que han mejorado su calidad de vida, que tienen o que lograron acceder a cosas que si se las contaban hace 15 años hubieran dicho que era imposible: llegar al auto, a la casa, a viajar al exterior, a que mi hijo vaya a la universidad? ¿Qué es lo que pasa en el sentido común de esas sociedades que pueden -como dice el Papa Francisco- marearse y no darse cuenta de algunas cosas? Y yo creo que son dos, o la articulación de dos cosas.

 

Creo que el neoliberalismo, que se instaló durante los años ’90 en nuestra región con el Consenso de Washington, ha hecho un trabajo permanente con sus think tanks para indagar con equipos de profesionales en la condición humana. De modo tal que a través de formidables aparatos mediáticos de comunicación crearon un sentido común en la población de que las cosas que han logrado no se deben a que hubo un gobierno, o políticas que le dieron las oportunidades para tener esa casa, ese auto, ese trabajo, ese estudio en la universidad. Y entonces ha generado en la población, bueno, en una gran parte de la población –no debemos olvidarnos que el gobierno que ganó las elecciones en Argentina lo hizo apenas por 2 puntos, pese a que el ataque mediático era formidable y por todos lados-, digo entonces que se crea un sentido común en muchísimos compatriotas de que lo que han logrado es producto del esfuerzo personal, producto de que tengo mi trabajo, me lo conseguí yo, la casa fue con mi esfuerzo, y es cierto, pero yo pregunto: ¿antes de que vinieran estos gobiernos no trabajaban, no se esforzaban, no se levantaban a las 7 de la mañana? Seguramente hacían todo lo mismo, pero si no hay una política y un país que le da marco a las posibilidades y a las oportunidades, no vale ningún esfuerzo personal e individual, salvo que alguien sea un genio como Steve Jobs o Bill Gates. Pero yo no me creo Steve Jobs ni Bill Gates y si no hubiera tenido un país que me diera educación pública y gratuita no hubiera sido abogada, por más que me considere una persona medianamente inteligente y muy adicta al trabajo, al esfuerzo y a la autocrítica.

 

Se creó un sentido en la sociedad como de disociación, de separación entre el logro personal y las políticas de Estado. Y por si todo eso fuera poco, además de convencer a ese compatriota que había logrado tener su trabajo en la fábrica, su auto y su casa sólo por su esfuerzo personal, se le dijo además que lo que le faltaba era culpa del gobierno, que en lugar de proteger a los trabajadores tenía programas sociales para esos vagos que no quieren trabajar, porque se estigmatizaron las políticas sociales que ayudaban a todos aquellos que no habían podido todavía llegar. Cuando uno tiene décadas de abandono y de procesos de des-socialización, es mucho más difícil penetrar en los núcleos duros de pobreza con cultura del trabajo y sociabilidad.

 

Entonces se creyó que lo que se tenía era producto del esfuerzo personal y lo que faltaba tener era culpa de que se lo daban a los que no tenían nada, el círculo era perfecto: lo que tengo es mío y lo mío el gobierno se lo da a los otros. No estoy hablando de la mayoría, de hecho el 49% sabe que esto no es así, y yo creo que hoy más del 49% sabe que no es así.

 

¿Qué hacer frente a esto? Porque claro, el blindaje mediático puede servir para que alguien en campaña prometa el oro y el moro, puede servir para ocultar la procedencia de una fuerza política y sus antecedentes, disimularlos, ocultarlos, lo único que no puede hacer el blindaje mediático es evitarte las consecuencias en tu vida personal de la aplicación de políticas neoliberales, de despojo, de redistribución regresiva del ingreso. Lo único que no se puede hacer es ocultar las consecuencias.

 

Frente a todo esto creo que se impone desde el campo nacional y popular una fuerte reflexión acerca de cómo se reconstruye una nueva mayoría, porque esto hay que tenerlo claro: estos procesos en América Latina pivotean sobre la base de que se ha producido un reacomodamiento de la relación de fuerzas en la política. La política es eso, relación de fuerzas, y cuando desde el sector más poderoso en términos económicos y de comunicación mediática se convence a un sector de esa sociedad de que sus intereses no están junto a las grandes mayorías sino que están frente a sectores minoritarios, se rompe la relación de fuerzas del campo nacional, popular y democrático y se producen situaciones como la que estamos viviendo.

 

Se trata entonces de plantearnos cómo se vuelve a construir una nueva mayoría que vuelva a poner una relación de fuerzas políticas y sociales favorable a los agentes del cambio y la transformación con inclusión social. Y se me ocurre a modo de reflexión y pensamiento que no alcanza únicamente con las figuras de los partidos políticos. Me parece que hay que construir frentes sociales de todos aquellos que son agredidos por estas políticas. No solamente hablo de un frente de los trabajadores o de los estudiantes. Hoy recibí a un grupo muy importante de dirigentes secundarios y universitarios de este país. También de todo lo que puede ser un movimiento social, yo hablaba hasta de los inquilinos. En un momento dado los inquilinos siempre tienen intereses contrapuestos con los empresarios que viven de rentas, sin embargo en la República Argentina hoy un inquilino no tiene tantas contradicciones con el dueño del lugar en donde vive, porque el dueño del lugar ya no puede cobrarle más alto porque sabe que le aumentó la luz, el gas, el agua, las expensas, los alimentos, sabe que ese inquilino le puede pagar eso y nada más y que tal vez el mes que viene no le pueda pagar.

 

Cuando las políticas de transferencias de ingresos son tan violentas y en tan poco tiempo, muchas veces intereses que en tiempos de normalidad redistributiva se presentan como contradictorios pueden ser complementarios, y por eso es necesario sentarnos a pensar, a trabajar y a articular, no solamente resistir. Hoy los chicos que me vinieron a ver me decían “estamos en la resistencia”, está muy bien resistir pero además hay que organizarse, y para organizarse hay que tener una estrategia clara que vuelva a modificar esa relación de fuerzas para que aquellos sectores de la sociedad que fueron cooptados, confundidos, o como quieran llamarle, vuelvan a replantearse que más allá de simpatías, de prejuicios ideológicos o culturales.

 

 

Nadie te puede convencer de que comer una vez el día es lo mejor para estar más flaco, por más que te lo digan por televisión; nadie te puede convencer de que no salir de vacaciones es bueno para no atosigar las rutas; nadie te puede convencer de que te mueras de calor porque la energía no alcanza. No, no, no es así. Nadie te puede convencer de que los problema de inseguridad se arreglan con mano dura y dando palo, porque los problemas de inseguridad también tienen que ver con la regresión en la redistribución del ingreso, con la pérdida de trabajo. Y por lo tanto se hace imprescindible que desde aquellos que tenemos la responsabilidad –por historia, por legado, por gestión- frente al conjunto de la sociedad y frente a la historia, porque además tenemos responsabilidad frente a la historia de volver a reagrupar a todos aquellos que confundidos, molestos o enojados, les hicieron creer que la vida puede vivirse únicamente con globitos, con felicidad y porque sí.

 

Es una gran responsabilidad la que tenemos los militantes del campo popular, nacional y democrático en volver a instalar, sin enojarnos, esta discusión, porque es clave. Y yo creo que esto va a ser posible en la medida que se sigan aplicando estas políticas.

 

Lo comentaba recién con Dilma. En mi país se le dijo a la gente que no iba a haber devaluación, que no iba a haber tarifazo, que nadie iba a pagar impuesto a las ganancias, en fin, puedo hacer un listado de cosas que se prometieron y fueron todas rigurosamente incumplidas, y algunas fueron agravadas, lo cual es mucho peor.

 

Por eso yo tengo mucha confianza en nuestra vocación de articulación, nuestra vocación de convencer. Vivimos toda la vida hablando, militando y trabajando, y creo que vale la pena seguir haciéndolo, fundamentalmente para aquellos que creemos que después de haber podido demostrar al mundo y a nosotros mismos, porque nos habían convencido de que éramos incapaces de un país gobernado con estas políticas, para que finalmente los miles de jóvenes  que se incorporaron a la política después de muchos años de haber sido desilusionados y de haber estado alejados, sepan que esos años, esas décadas en las cuales incorporamos a millones de compatriotas, en las cuales nuestra presencia en el mundo fue de igual a igual con otros países, sepan que todo lo que precedió a eso que fue mucho sufrimiento de nuestros pueblos con represión, con dictaduras, con desapariciones, no fue en vano, al contrario.

 

Por eso creo que vale la pena seguir trabajando y tener estos espacios de discusión, que no deben ser autoindulgentes ni con nosotros ni con la sociedad, porque es necesario interpelar a la sociedad acerca de estas cosas. No puede ser que solamente nos resignemos justificándonos en que los aparatos mediáticos convencen a la gente. No nos neguemos nosotros mismos una discusión y una interpelación con la sociedad a partir de cómo vivían y las cosas que se lograron con estas políticas y de cómo están ahora con las políticas del retorno del neoliberalismo.

 

Muchas gracias a todos y a todas. Gracias Dilma.

 

¡Hasta la victoria, siempre!

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